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Qué Significa La Palabra Derecho?

Qué Significa La Palabra Derecho
1.1.- DERECHO COMO ORDENAMIENTO.- Es aquel conjunto de normas que tratan de regular la conducta humana mediante ordenamientos, permisiones y prohibiciones.1.2.-DERECHO COMO FENÓMENO SOCIAL.- Aquel ordenamiento Jurídico que nace para el efecto de regular la conducta entre los individuos, como grupo.

¿Qué significado es la palabra derecho?

El Derecho es un sistema u orden normativo e institucional que regula la conducta externa de las personas, inspirado en los postulados de justicia y certeza jurídica, que regula la convivencia social y permite resolver los conflictos de relevancia jurídica, pudiendo imponerse coactivamente.

¿Qué es derecho 3 conceptos?

Derecho: Conjunto de normas jurídicas que regulen la conducta externa del hombre. Normas: Regla de conducta que otorga derecho e impone deberes. Sociedad: Conjunto de personas establecidas o asentadas en un determinado territorio. Constitución: Ley suprema de un pais que regula la vida jurídica de sus habitantes.

¿Qué es para ti el derecho?

Derecho es el orden normativo e institucional que regula la conducta humana en sociedad, inspirado en postulados de justicia, La palabra proviene del término latino directum, que significa “lo que está conforme a la regla”, La base del derecho son las relaciones sociales, las cuales determinan su contenido y carácter. Qué Significa La Palabra Derecho La idea de derecho alude al conjunto de norma que rigen una sociedad.

¿Qué es un derecho y un ejemplo?

El derecho regula el comportamiento de los integrantes de una sociedad. Por eso, aunque a veces no podamos percibirlo, está presente diariamente en nuestra cotidianidad. El derecho se define como el conjunto de normas jurídicas que regulan los comportamientos de los hombres en un contexto social específico.

Esto significa que lo que el derecho designa como legal en una sociedad (un país o estado) puede ser ilegal en otra sociedad. La función del derecho es evitar el caos, planteando reglas que faciliten la convivencia en sociedad de forma armoniosa. Se basa en los principios de justicia, seguridad y orden.

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¿Cuáles son las 4 características del derecho?

Características del derecho – El derecho presenta las siguientes características: normativo, bilateral, coercible, con una pretensión de inviolabilidad, se manifiesta como un sistema y posee una proyección de justicia.

¿Qué es el derecho en la Biblia?

DERECHO

La facultad de hacer o exigir lo que la ley o la autoridad competente autoriza a una persona fí­sica o moral dentro del orden y de la naturaleza. También es la cualidad de una persona, de un acto, de una sociedad o de un estado de estar o ser conforme a la ley justa (si es injusta, no es ley) El Derecho es la base de la convivencia y, por lo tanto, condición necesaria e imprescindible para que la persona se desarrolle como ser humano libre y también como creyente. En muchos idiomas el término alude a lo recto o correcto en el obrar (orthos en griego, right en inglés, recht en alemán). En castellano “Derecho” tiene más connotación de justo, conforme, aceptado. En términos compuestos, se precisa y matiza el sentido del término según los complementos que se adhieren: Derecho de asilo, Derecho de gracia, Derecho de propiedad, derecho canónico, derechos humanos, derecho romano.

Todo concepto correcto de educación tiene que ver con la idea de derecho, en cuanto implica desarrollo de las facultades de la persona. La facultad de vivir y convivir conforme al orden es esencial para la dignidad humana. Por eso, educar implica relación rigurosa al Derecho, siendo como es la educación uno de los derechos fundamentales que reconocen todos. Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006 Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa I. Conceptos jurí­dicos en teologí­a Nuestra teologí­a se expresa en gran medida con términos que están tomados del lenguaje jurí­dico, incluso al hablar de Dios mismo, pero especialmente al referirse a sus obras y a las relaciones que median entre él y sus criaturas dotadas de razón. Dios viene presentado como dueño de su creación (“Tuyo es el cielo y tuya es la tierra” Sal 88, 12); a él y a su Hijo hecho hombre se le atribuye la realeza con todos los correspondientes derechos de soberano (Enc. Quas primas: “triplex potestas”, Dz 3677). Dios pacta repetidas veces una -> alianza con los hombres; al hecho de pactar tal alianza se da el nombre de testamento. –> justicia y –> justificación son conceptos centrales de la teologí­a: justicia de Dios, que es justo y justifica, o sea, hace justo al pecador; justicia del que es justificado por Dios y por tanto es justo. Por el –> pecado incurre el hombre en culpa o deuda con Dios, deuda que se debe pagar, aunque Dios puede otorgar condonación de la deuda; cooperando con la gracia se granjea el hombre –> méritos cerca de Dios, aunque también puede perder estos méritos. La tradición teológica distingue incluso dos clases de tí­tulo jurí­dico: de condigno y de congruo, dando este segundo casi la sensación de tener lugar aquí­ “punto por punto” un intercambio de prestaciones, algo así­ como una transacción entre Dios y la criatura, sujeta a la justicia conmutativa (¡equivalencia!). La doctrina de la -> satisfacción vicaria hace que la redención aparezca como un hecho que transcurre en el campo jurí­dico, más concretamente en el ámbito del derecho penal. Antes del concilio Vaticano II la Iglesia se entendí­a a sí­ misma en forma marcadamente jurí­dica; no sólo en los escritos canónicos y dogmáticos se trataba de la Iglesia más como complejo jurí­dico (societas perfecta) que como misterio; su proclamación doctrinal aparecí­a también como una emanación de su potestad jurí­dica (iurisdictio), con la consecuencia de que la obligatoriedad y el contenido doctrinal se enjuiciaban conforme a las reglas de la interpretación de las leyes. Dos de sus sacramentos se confiaban a la ciencia jurí­dica para ser tratados con los medios de conocimiento de ésta: el sacramento de la penitencia, como procedimiento jurisdiccional; el –> matrimonio, como contrato concluido entre dos partes dotadas de capacidad de contratar. Algo parecido puede decirse del estado religioso, en el que los votos religiosos aparecen como una transacción jurí­dica: el candidato que pronuncia -> votos y la orden que los recibe intercambian prestación y contraprestación; el candidato entrega a la orden el bien económico de su capacidad de trabajo, a cambio de lo cual la orden le garantiza la subsistencia durante toda su vida. Podrí­an multiplicarse los ejemplos. Ante este estado de cosas llama la atención el que los teólogos muestren tan poco interés por ocuparse en cuestiones jurí­dicas y por cambiar ideas con juristas, cuya ayuda les serí­a, sin embargo, provechosa para formular con más rigor y esclarecer los conceptos jurí­dicos por ellos utilizados y en particular el concepto mismo de d., que se extiende a todo este campo de nociones. En otro tiempo los moralistas, en particular los de la baja -> escolástica española, escribieron extensos tratados sobre cuestiones jurí­dicas, especialmente acerca de la vida económica, mostrándose excelentes conocedores no sólo de la economí­a de su tiempo, sino también de la ciencia jurí­dica del mismo, aunque lo que ofrecí­an era en realidad, más que teologí­a, doctrina del -> derecho natural. Hoy dí­a hemos de gozarnos por el hecho de que la teologí­a moral atienda, en cambio, cada vez más a los problemas de auténtica ética teológica. Pero también en relación con el d. se plantean genuinos problemas teológicos. II. Problemas teológicos En primer lugar deberí­a imponerse al teólogo la cuestión de si existe alguna conexión entre los conceptos teológicos centrales de justicia y justificación y lo que normalmente suele entenderse por justicia. Para la teologí­a protestante esto parece ser, o bien cosa obvia, o bien un imperativo incondicional. Así­ ella se pregunta cómo puede haber d. en las relaciones de los hombres entre sí­; él no se funda en las relaciones del hombre con Dios. Si por d. se entiende inconfundiblemente un concepto ético (y, en cuanto tal, importante para la salvación), entonces el d. ante Dios debe efectivamente ser la pauta del d. entre los hombres; pero ¿en qué sentido? Las tentativas de algunos teólogos protestantes de motivar bí­blicamente, y en forma cristológica y trinitaria, el d. entendido en este sentido elevado, a fin de evitar motivaciones basadas en el d. natural, merecen ciertamente nuestra atención; pero sin duda serí­an entendidas erróneamente si se pretendiera referirlas a todo el campo de lo que puede o debe ser regulado jurí­dicamente. Además hay que preguntarse si estas tentativas no van contra otra tendencia de la teologí­a evangélica, tendencia muy justificada si se entiende bien, hacia una clara y neta “mundanidad” de lo mundano, y así­ corren el peligro de atribuir un carácter “sagrado” a lo mundano. De relaciones de í­ndole jurí­dica entre Dios y sus criaturas, supuesto que sean siquiera concebibles, sólo se puede hablar en sentido analógico, dado que todos nuestros conceptos sólo se pueden transferir a Dios analógicamente. Solamente podemos formular enunciados positivos después de formarnos una idea clara de lo que entendemos exactamente por “derecho”. Aquí­ no podemos partir de un concepto teológico, sino que debemos asegurarnos de lo que se entiende por d. en el lenguaje corriente y de lo que entienden con ese término los profesionales competentes, es decir, los juristas. III. Personalidad y condición social El modo de hablar, incluso de la literatura cientí­fica, permite descubrir dos concepciones diferentes. La primera vincula el d. inmediatamente y sin más a la personalidad del hombre; todo lo que compete al hombre en virtud de su dignidad de -> persona, dicha concepción lo llama “derecho”. Hablando de Dios, se le reconoce como su d. todo lo que le compete en virtud de su divinidad, como la soberaní­a (supremum dominium) sobre su creación, etc. La otra concepción enlaza directamente con la condición social del hombre y, por tanto, mediatamente también con su personalidad, ya que ésta -bien entendidaviene constituida por su individualidad y su carácter social. Esta segunda concepción tiene la ventaja de disponer de un criterio de división, el cual permite trazar lí­mites claros entre el sector del d. y toda la esfera de la —+moralidad, y así­ señalar su peculiaridad y delimitarlo conceptualmente con claridad. La primera concepción, por carecer de tal criterio de división, deja que el concepto de d. venga a convertirse en algo sumamente indeterminado e indefinido. Al hombre, en cuanto persona, le competen y convienen muchas cosas que en modo alguno incluimos en la esfera del derecho: la estima de sí­, que se debe a sí­ mismo, no es una deuda jurí­dica, la exigencia de gratitud no es una exigencia jurí­dica, etc. Habrá que convenir en que sólo relaciones interpersonales son de naturaleza jurí­dica; entre persona y cosa no son posibles relaciones jurí­dicas; también el -> derecho de propiedad, designado con frecuencia como relación jurí­dica entre el propietario y su propiedad, es en realidad algo muy distinto, a saber, una relación entre el propietario y todos los demás, es decir, su facultad jurí­dica de excluir a los demás de actuar sobre la cosa; el dominio de la cosa está fundado en un plano anterior al d. (metafí­sicamente). Pero no todas las relaciones interpersonales son de í­ndole jurí­dica, sino únicamente aquellas que tienen la doble función de proteger al hombre, por una parte, en tanto que ser individual, en su consistencia propia y en su diferenciación de todos los demás, y, por otra, de vincularlo a la -> comunidad y de encuadrarlo en ella, en cuanto él es – no menos esencialmente- un ente social. Así­, el d. es el orden estructural de todo complejo social; orden jurí­dico y orden social son dos denominaciones de una misma cosa. IV. Teólogos y juristas El d. subsiste únicamente entre socios en el d. o miembros de la sociedad jurí­dica; en virtud de su condición social todos los hombres son socios en el d. El Dios uno y santo no tiene “socio” en el d., por lo cual no se halla en el d., sino por encima de todo d. Sólo si Dios, con infinita condescendencia, entra en una especie de sociedad con sus criaturas racionales o eleva a éstas a formar sociedad con él, se puede hablar en sentido análogo de relaciones jurí­dicas entre Dios y los hombres. Crear los medios conceptuales de conocimiento, así­ como los medios lingüí­sticos de expresión, con vistas a profundizar la inteligencia de esta sociedad, serí­a un quehacer de interés común para teólogos y juristas. Esta colaboración presupondrí­a, desde luego, que unos y otros significaran lo mismo al hablar de d. y que ambas partes estuvieran interesadas, siquiera fuera bajo diferente aspecto, en lo que entienden concordemente por derecho. Por lo que hace al primer punto, existe una cierta conformidad con relación a la extensión del concepto, por cuanto en todo caso existe un amplio sector que unos y otros designan como d.; en cambio, tocante al contenido del concepto, hay profunda divergencia incluso entre los juristas mismos. Una parte de los juristas está de acuerdo con los teólogos en que en definitiva el d. tiene fundamentos éticos, por lo cual le compete dignidad ética; por consiguiente, existe un ancho campo para el intercambio de ideas con estos juristas. Otros juristas (hoy seguramente la mayorí­a) ven en el d. y en el orden jurí­dico sólo una técnica, por así­ decirlo, que en cuanto tal se ha de calificar de puramente instrumental. Según los primeros, el derecho -pensado hasta el fin – recibe su vigencia de la santa voluntad de Dios; según los segundos, la vigencia es el elemento constitutivo del d.; lo que importa es única y exclusivamente que esté en vigor, es decir, que esté garantizado por medidas de organización de una comunidad, y que en caso de necesidad se pueda incluso imponer contra los recalcitrantes. Además, algunos de estos juristas hacen – en rigor, inconsecuentemente – que el reconocimiento de una norma como ” derecho” dependa de la circunstancia de que ella haya sido dictada por una comunidad pública (Estado) en un procedimiento formalizado. La concepción ética y la no ética o instrumental (“tecnológica”) del d. pueden significar y significarán por lo regular un contraste ideológico, aunque esto no es absolutamente necesario, ya que el contraste puede ser de í­ndole meramente terminológica (definitoria). De todos modos, precisamente en este caso existe el peligro de que la terminologí­a y las definiciones sugieran determinadas representaciones tocante a la cosa misma. El móvil ético del concepto precientí­fico no se puede eliminar con la definición; y si se intenta esto, se hace virulento y se introduce sutilmente en el subconsciente, donde debe ser reprimido con violencia, es decir, negándolo. La tajante separación conceptual entre d. y ley moral puede – en el sentido de un inmoralismo absoluto (nihilismo ético)- desligar el d. de toda vinculación moral, y no cabe duda de que éste así­ es entendido y tratado por muchos; sin embargo, no pocos juristas destacados que profesan la “pura doctrina jurí­dica” de Kelsen, sostienen con no menos decisión que el derecho presupone normas morales, que el orden jurí­dico debiera atenerse a normas morales, que a todas las reglas jurí­dicas formuladas precede la justicia material, por lo cual la aplicación e interpretación de las reglas jurí­dicas no debe ser un servicio fanático a la letra, sino que, más bien, dentro del marco trazado por la norma “jurí­dica” no ética e instrumental, hay que buscar la solución (éticamente) justa. Pero ellos no siempre logran mantenerse fieles a lo que han fijado en forma definitoria, aunque a sus ojos la terminologí­a consecuente de la teorí­a de Kelsen es lo que constituye su ventaja decisiva. Para ser sinceros, debemos, sin embargo, reconocer que también nosotros tenemos que luchar con la terminologí­a y que por consiguiente no siempre somos consecuentes en nuestro modo de hablar; en ocasiones también a nosotros nos sucede que normas que carecen de fundamento último en la voluntad de Dios o que incluso están en contradicción con ella, las designamos como “d. vigente”; más aún: a veces nos mostramos propensos a hacer concesiones a la “fuerza normativa de lo fáctico”, concesiones que, yendo más allá de la inconsecuencia terminológica, son difí­cilmente conciliables con nuestra convicción fundamental. En cambio, no significa más que una diferencia terminológica el que ciertos juristas rechacen postulados de justicia social que nosotros propugnamos invocando un d. anterior al positivo, porque según ellos sólo merece el nombre de “derecho” una norma aquilatada conforme a la técnica jurí­dica y como tal administrable y justiciable; el que de esta manera nos fuercen a precisar con toda reflexión nuestras ideas y nuestros deseos y a formularlos con limpidez, es cosa molesta, pero saludable. Prescindiendo de lo que las diferentes corrientes jurí­dicas entienden conceptualmente por d., todas ellas están interesadas en la cuestión de la relación entre el d. y la ley moral; sus preguntas ciertamente difieren en parte de las nuestras; pero en la extensión material de los conceptos coincidimos en gran parte; sólo hay una diferencia notable en cuanto que nosotros denegamos la honrosa designación de “derecho” a las normas no enraizadas en la ley moral o contrarias a ésta, así­ como a los sectores regulados por ellas; con esto queremos expresar que tales normas no obligan en conciencia.V. Derecho normativo, objetivo, subjetivo Hasta aquí­ hemos entendido el d. constantemente como norma y el orden jurí­dico como sistema de normas. Ni podí­a ser de otra manera. Ahora bien, el d. es en primer lugar patrón de medida (ius normativum); y sólo en segundo lugar designamos también como d. lo medido con ese patrón, a saber: lo que está en conformidad con éste – una estructura, un estado de cosas, un comportamiento humano, o lo que se puede exigir a tenor del d. normativa (ius obiectivum) -; y lo que compete a los socios en el d., o sea, a los miembros de la comunidad (que como tal siempre está de algún modo organizada jurí­dicamente), así­ como a ésta con relación a sus miembros (ius subiectivum o también ius potestativum). Para quien estime que el d. se funda inmediatamente en el carácter social del hombre (cf. antes iii), es obvia la primací­a del d. normativo como pauta del d. objetivo y subjetivo; para él podrán resumirse todos los preceptos jurí­dicos en el imperativo “ordo socialis servandus est”: no precisamente el orden existente en cada caso, ni tampoco el d. formulado positivamente en constituciones y leyes, sino el orden social que es debido por razón de la justicia y al que por tanto se debe aspirar constantemente, pero que nunca será perfecto y acabado definitivamente. Quien deduzca el d. inmediatamente de la personalidad, proclamará el “suum cuique” como supremo imperativo jurí­dico. A ambos amenaza el peligro de exclusivismo: al primero el peligro de acentuar demasiado la sociedad en detrimento de la consistencia propia del individuo; al segundo, el peligro de considerar la naturaleza social del hombre como un mero matiz accesorio y no como un constitutivo esencial de su personalidad, y el de desfigurar en formas individualista los -> derechos del hombre basados en la dignidad humana, como ha sucedido hasta época muy reciente; más aún: el d. puede parecerle incluso hostil a la sociedad, como algo que separa en lugar de unir. En este caso hay que recurrir al –> amor como a un correctivo del d.; lo que ha separado el d. debe volver a soldarlo el amor, lo que ha congelado el d. debe volver a fundirlo el amor. A ambos extremismos sale al paso el principio de -> solidaridad. Otra grave tergiversación consiste en ver en el d. un “mí­nimum” de imperativos éticos. Según esa concepción, el d. serí­a un sector del orden total de la moralidad, pero como tal sector constituirí­a la medida única y plena de lo moral. Y desde ahí­ se explicarí­a el que el lenguaje de la sagrada Escritura y de la teologí­a pueda emplear los términos “justo” y “hacer justicia” como sinónimos de santo, perfecto, agradable a Dios. VI. Filosofí­a del derecho La filosofí­a del d. trata de explicar el d. por sus últimas razones. Nosotros lo fundamentamos ontológicamente (-> Derecho natural II), es decir, deducimos los contenidos jurí­dicos del orden del ser (no, como se nos atribuye falsamente, de los datos fácticos contingentes). Estamos de acuerdo con el axioma de los adversarios, el deber sólo puede deducirse de lo que tiene que ser. También nosotros derivamos los imperativos jurí­dicos, como todo “deber ser” sin excepción, del principio supremo que preside cuanto debe ser: tiene que cumplirse la santa voluntad de Dios. Ahora bien, esta santa voluntad de Dios no se funda en otro principio vinculante superior a él, ni tampoco en un arbitrario acto divino, sino en la santidad substancial de Dios; como quiera que, por lo demás, se haya de enjuiciar la relación entre ente y bien, entre ser y valor, en Dios esos aspectos son una misma cosa. Oswald v. Nell-Breuning K. Rahner (ed.), Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teolσgica, Herder, Barcelona 1972 Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teológica véase Poder AA. VV., Vocabulario de las epí­stolas paulinas, Verbo Divino, Navarra, 1996 Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas Derecho, como substantivo (mi derecho, su derecho) designa el objeto de la justicia. Cuando una persona declara que tiene derecho a una cosa, quiere decir que tiene una especie de dominio sobre tal cosa, que los demás están obligados a reconocer. Por lo tanto, derecho puede definirse como una autoridad moral o legal a poseer, reclamar y usar un cosa que es de uno. Es así esencialmente distinto de obligación; en virtud de una obligación debemos, en virtud de un derecho, podemos hacer u omitir algo. Además, el derecho es una autoridad moral o legal, y como tal es distinto de la superioridad meramente física o preeminencia; el ladrón que roba algo sin ser detectado disfruta del control físico del objeto, pero no del derecho a él; por el contrario, su acto es una injusticia, una violación de derecho, y está obligado a devolver a su dueño el objeto robado. El derecho es llamado una autoridad moral o legal porque emana de una ley que le asigna a uno el dominio sobre la cosa e impone a otros la obligación de respetar ese dominio. Al derecho de una persona le corresponde una obligación de parte de los demás, de modo que el derecho y la obligación se condicionan entre sí. Si yo tengo el derecho a demandar cien dólares de una persona, él está bajo la obligación de dármelos; sin esta obligación, el derecho sería ilusorio. Uno puede incluso decir que el derecho de una persona consiste en el hecho que, en su cuenta, los otros están obligados a realizar u omitir algo. La cláusula “poseer, reclamar y usar algo como propio” define más cercanamente el objeto del derecho. La justicia asigna a cada persona lo suyo (suum cuique). Cuando alguien afirma que una cosa es suya, es su propiedad privada, o le pertenece, él quiere decir que este objeto tiene una relación especial con él, que en primer lugar está destinado para su uso, y que puede disponer de él según su voluntad, a pesar de los demás. Por una cosa aquí se denota no meramente un objeto material, sino todo lo que puede ser útil al hombre, incluyendo acciones, omisiones, etc. La conexión de cierta cosa con cierta persona, en virtud de la cual la persona puede declarar que la cosa es suya, puede originarse sólo a base de hechos concretos. Es una demanda evidente de la razón humana en general que uno puede dar o dejarle lo de uno a cualquiera; pero los hechos determinan lo que constituye lo propio. Muchas cosas están conectadas físicamente con la persona humana por concepción o nacimiento—sus miembros, cualidades mentales y físicas, salud, etc. Por el orden impuesto por el Creador de la naturaleza, reconocemos que, desde el primer momento de su ser, sus facultades y miembros se conceden a una persona para su propio uso, de modo que lo capaciten para sostenerse a sí mismo y desarrollar y cumplir las tareas designadas por el Creador para esta vida. Estas cosas (es decir, sus cualidades, etc.) son suyas desde el primer momento de su existencia, y quienquiera que las menoscabe o lo prive de ellas viola su derecho. Sin embargo, muchas otras cosas están conectadas con la persona humana, no físicamente sino sólo moralmente. En otras palabras, en virtud de cierto hecho, cualquiera reconoce que ciertas cosas están especialmente destinadas para el uso de una persona, y todos lo deben reconocer como tal. La persona que construye una casa para sí misma, hace una herramienta, caza animales en el bosque no reservado, o pesca en mar abierto, se convierte en propietario de tales cosas en virtud de ocupación de su trabajo; puede reclamar estas cosas como propias, y nadie puede apropiarse violentamente o dañar estas cosas sin una violación de sus derechos. Quienquiera que recibe un regalo o compra un artículo legalmente, puede considerar tal cosa como suya, puesto que por la compra o el regalo él ocupa el lugar de la otra persona y posee sus derechos. Como un derecho da lugar a cierta conexión entre persona y persona con respecto a una cosa, podemos distinguir cuatro elementos en derecho: el poseedor, el objeto, el título y el término del derecho. El poseedor del derecho es la persona que posee el derecho, el término es la persona que tiene la obligación de corresponder al derecho, el objeto es la cosa a la cual se refiere el derecho, y el título es el hecho sobre el cual la persona puede considerar y reclamar el objeto como suyo. Estrictamente hablando, este hecho por sí solo no es el título del derecho, el cual se origina, ciertamente, en el hecho, pero tomado en conexión con el principio de que uno debe asignar a cada uno su propiedad; sin embargo, puesto que este principio puede ser presupuesto como evidente, es costumbre considerar el simple hecho como el título del derecho. El derecho del cual hemos estado hablando hasta aquí es el derecho individual, al cual corresponde la obligación de justicia conmutativa. La justicia conmutativa regula las relaciones entre sí de los miembros de la sociedad humana, y apunta a asegurar que cada miembro entregue a su prójimo lo que es igualmente suyo. En adición a esta justicia conmutativa, también hay una justicia legal y distributiva; estas virtudes regulan las relaciones entre las sociedades completas (el Estado y [[la Iglesia) y sus miembros. Desde las inclinaciones y necesidades de la naturaleza humana reconocemos al Estado como descansando en una ordenanza divina; sólo en el Estado puede el hombre sostenerse a sí mismo y desarrollarse de acuerdo a su naturaleza. Pero, si el Divino Creador de la naturaleza ha deseado la existencia del Estado, Él debe también desear los medios necesarios para su mantenimiento y el logro de sus objetivos. Esta voluntad sólo puede hallarse en el derecho del Estado a demandar de sus miembros lo que es necesario para el bienestar general. Debe estar autorizado a hacer leyes para castigar los delitos, y en general organizar todo para el bienestar general, mientras, por otro lado, los miembros deben estar bajo la obligación correspondiente a este derecho. La virtud que hace que todos los miembros de una sociedad contribuyan con lo necesario para su mantenimiento se llama justicia legal, porque la ley tiene que determinar en casos individuales qué cargas han de ser llevadas por los miembros. Según la doctrina cristiana la Iglesia es, como el Estado, una sociedad completa e independiente, por lo que también debe estar justificada a demandar de sus miembros lo necesario para su bienestar y el logro de su objetivo. Pero los miembros del Estado no sólo tienen obligaciones hacia el cuerpo general; asimismo tienen derechos. El Estado está obligado a distribuir las cargas públicas (por ejemplo, los impuestos) según los poderes y capacidad de sus miembros, y está también bajo la obligación de distribuir los bienes públicos (oficios y honores) según el grado de dignidad y servicios. A estos deberes del cuerpo general o sus líderes corresponde un derecho de los miembros; ellos pueden demandar que los líderes observen los reclamos de justicia distributiva, y el fracaso en así hacerlo de parte de las autoridades es una violación al derecho de los miembros. El objeto del derecho puede ser determinado más exactamente sobre la base de las antedichas nociones de derecho. Se han distinguido tres clases de derecho y justicia. El objeto del derecho, correspondiente a una justicia imparcial, tiene como su objeto el asegurar libertad e independencia en el uso de sus posesiones a los miembros de la sociedad humana en su relación con los demás. Pues el objeto de derecho puede ser sólo el bien para el logro de lo que reconocemos derecho como necesario, y lo que efectúa de su misma naturaleza, y este bien es la libertad e independencia de cada miembro de la sociedad en el uso de su propiedad. Si el hombre ha de cumplir libremente las tareas que Dios le impuso, debe poseer los medios necesarios para dicho propósito, y estar en libertad de utilizarlos independientemente de otros. Debe tener una esfera de actividad libre, en la cual esté seguro de la interferencia de otros; este objeto se logra por el derecho que protege a cada uno en el libre uso de su propiedad de la intromisión de los demás. De ahí el proverbio: “La persona de buena voluntad no sufre injusticia” y “Nadie es obligado a hacer uso de sus derechos”. Pues el objeto del derecho que corresponde a la justicia conmutativa es la libertad del poseedor del derecho en el uso de lo suyo, y este derecho no se logra si cada uno se ve obligado siempre a hacer uso de él e insistir sobre sus derechos. El objeto del derecho que corresponde a la justicia legal es el bien de la comunidad; de este derecho no se puede decir que “nadie está obligado a hacer uso de su derecho”, puesto que la comunidad—o más correctamente, sus líderes—deben hacer uso de los derechos públicos, dondequiera y siempre que el bien de la comunidad lo requiera. Finalmente el derecho correspondiente al objeto de la justicia distributiva es la defensa de los miembros contra la comunidad o sus líderes, los cuales no deben ser oprimidos con cargas públicas más allá de sus poderes, y deben recibir tantos de los bienes públicos según sea la condición de su mérito y servicios. Aunque, según lo anterior, cada una de las tres clases de derechos tiene su objeto inmediato, todas tienden en común hacia un objetivo remoto, el cual, según Santo Tomás de Aquino (Cont. Gent., III, XXXIV), no es nada más que el asegurar el mantenimiento de la paz entre los hombres y procurar para todos la posesión pacífica de sus bienes. Derecho (o hablando más precisamente), la obligación correspondiente al derecho) es ejecutable por lo menos en general—esto es, quienquiera tenga un derecho con respecto a alguna otra persona está autorizado a emplear la fuerza física para asegurar el cumplimiento de esa obligación, si la otra persona no la realiza voluntariamente. Este carácter ejecutable de la obligación surge necesariamente del objeto de derecho. Como ya se dijo, este objeto es asegurar a cada miembro de la sociedad una esfera de actividad libre, y para la sociedad los medios necesarios para su desarrollo, y el logro de su objetivo es evidentemente indispensable para la vida social; pero no sería suficientemente logrado si se dejase a la discreción de cada uno el cumplir sus obligaciones o no. En una comunidad grande siempre hay muchos que se dejan guiar, no por derecho o justicia, sino por sus propias inclinaciones egoístas, y pasarían por alto los derechos de los demás si no estuviesen confinados por la fuerza a su propia esfera de derecho; en consecuencia, la obligación correspondiente a un derecho debe ser ejecutable a favor del poseedor del derecho. Pero en una comunidad regulada el poder de compulsión debe estar investido de la autoridad civil, puesto que, si cada uno empleara su fuerza contra su prójimo cada vez que éste infringiera sus derechos, pronto surgiría un conflicto general de todos contra todos, y el orden y la seguridad estarían completamente subvertidos. El individuo tiene el derecho de enfrentar violencia con violencia sólo en casos de necesidad, donde debe resguardarse de un ataque injusto sobre su propia vida o propiedad y el recurso a las autoridades es imposible. Mientras que el derecho o su obligación correspondiente es ejecutable, debemos cuidarnos de referir la esencia del derecho a esta ejecución o incluso a la autoridad que la ejecuta, como hacen muchos juristas desde el tiempo de Kant. Pues la ejecución es sólo una característica secundaria del derecho y no atañe a todos los derechos, aunque, por ejemplo, bajo una monarquía real los súbditos poseen algunos derechos respecto al gobernante, ellos usualmente no pueden ejercer compulsión hacia él, puesto que él es responsable, y no está sujeto a una autoridad superior que pueda ejercer medidas eficaces contra él. Los derechos se dividen, según el título sobre el que descansan, en derechos naturales y derechos positivos, y los positivos se subdividen en derechos divinos y derechos humanos. Derechos naturales son todos los que adquirimos por nuestro nacimiento, por ejemplo, el derecho a la vida, a la integridad de los miembros, a la libertad, a adquirir propiedad, etc. Todos los demás derechos se llaman derechos adquiridos, aunque muchos de ellos son adquiridos, independientemente de ninguna ley positiva, en virtud de actos libres, por ejemplo, el derecho del esposo y la esposa en virtud del contrato del matrimonio, el derecho a los bienes sin dueños a través de la ocupación, el derecho a una casa a través de compra o alquiler, etc. Por otro lado, otros derechos se adquieren por la ley positiva; según la ley sea divina o humana, y esta última civil o eclesiástica, distinguimos entre derechos divinos o humanos, civiles o eclesiásticos. A los derechos civiles corresponden la ciudadanía en un estado, la franquicia activa o pasiva, etc. Fuente : Cathrein, Victor. “Right.” The Catholic Encyclopedia. Vol.13. New York: Robert Appleton Company, 1912. http://www.newadvent.org/cathen/13055c.htm Traducido por L H M. Fuente: Enciclopedia Católica : DERECHO

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¿Qué es el derecho y la justicia?

La justicia es el destino normal del derecho, el derecho apunta hacia la justicia, junto al derecho existe el amor a la paz, que es un sustituto bondadoso de la justicia. Pero envolviendo todo eso, que rige la convivencia existe la libertad, sin la cual no hay justicia ni derecho ni paz.

¿Cuántos tipos de derechos existen y cuáles son?

Los Derechos Humanos han sido clasificados atendiendo a diversos criterios, así podemos encontrar clasificaciones que atienden a su naturaleza, al origen, contenido y por la materia a la que se refieren. Con un propósito pedagógico han sido clasificados en tres generaciones, esto en función al momento histórico en que surgieron o del reconocimiento que han tenido por parte de los Estados.

Es conveniente indicar que el agrupamiento de los derechos humanos en generaciones no significa que algunos tengan mayor o menor importancia sobre otros pues todos ellos encuentran en la dignidad humana el principio y fin a alcanzar. Así entonces en la primera generación fueron agrupados los derechos civiles y políticos, en la segunda generación los derechos económicos, sociales y culturales y en la tercera generación se agruparon los que corresponden a grupos de personas o colectividades que comparten intereses comunes.

Actualmente es mayormente aceptado clasificar los derechos humanos únicamente en civiles, económicos, sociales, culturales y ambientales. Es importante decir que dentro del conjunto de derechos humanos no existen niveles ni jerarquías pues todos tienen igual relevancia, por lo que el Estado se encuentra obligado a tratarlos en forma global y de manera justa y equitativa, en pie de igualdad y dándoles a todos el mismo peso.

¿Cuál es el origen del derecho?

Te explicamos cuál fue el origen del Derecho, su relación con la autoridad y las primeras leyes. Además, el derecho romano. Qué Significa La Palabra Derecho El emperador Justiniano compiló el derecho romano en el siglo VI d.C. El derecho es el conjunto de normas y principios con los que una sociedad humana determinada elige regirse, para así distinguir entre lo justo y lo injusto, el orden y el caos, lo parcial y lo imparcial.

Como muchas otras invenciones humanas, tuvo un lugar de inicio en nuestra historia como civilización y como especie. El origen del derecho, así, se remonta necesariamente a los primeros intentos por conducir las sociedades agrícolas de la humanidad antigua hacia un objetivo común, garantizándole la paz social y algún tipo de orden productivo.

De esta manera, el derecho habría surgido de la mano de las primeras formas primitivas de Estado, En el momento en que se hizo indispensable delegar en ciertas autoridades (caciques, reyes, chamanes, sacerdotes) el poder, se hizo también necesario determinar cuáles serían las reglas de sucesión de dicho poder, cuáles serían sus alcances, sus formas, sus métodos.

De esa manera, se fue estableciendo una costumbre, una manera de hacer las cosas, que fue fundamental para el nacimiento del derecho. Las primeras normas y leyes se ejercieron y preservaron oralmente, y eran sólo fórmulas breves que regían el intercambio, o que solventaban posibles disputas en torno a la propiedad o la violencia,

Pero a medida que la sociedad se hizo más compleja, también se complejizaron las leyes, y surgió así la necesidad de tenerlas por escrito para conservarlas, o siendo ya demasiado complicadas para memorizarlas. Los primeros textos de esta naturaleza, escritos en tablillas de arcilla y procedente de la antigüedad mesopotámica, fueron:

El código de Urukgina (c.2380 a.C.) que regía en la antigua ciudad sumeria de Uruk. El código de Ur-Nammu (c.2050 a.C.), decretado por el rey de la ciudad-estado de Ur. El célebre código de Hammurabi (circa 1790 a.C.), dictado por el antiguo Rey babilonio, en el que se establecían las medidas a tomar como castigo ante violaciones, muertes o actitudes desleales.

También en la antigua China se formularon diversos cuerpos de leyes, desde al menos el siglo V a.C, Sin embargo, la Dinastía Qin (221-206 a.C.) fue la primera en recogerlas y formularlas en un único documento, de naturaleza política, militar, económica, cultural e ideológica.

Así nació el código Qin y sirvió de sostén del derecho Qin, aplicado al Imperio chino unificado, y heredado por las dinastías posteriores, como la Han, que procedió a fusionarlo con los principios del confusianismo. A estos ejemplos podríamos sumar otros tantos provenientes del antiguo Egipto, o de los pueblos judíos antiguos (presentes aún hoy en la Biblia), o los códigos comerciales fenicios.

Pero en Occidente fue el derecho romano el que realmente marcó la diferencia, Propio de la antigua República Romana, poseía la complejidad y la calidad necesarias para operar durante casi mil años consecutivos, desde sus primeros documentos como la Ley de las XII Tablas, hasta la compilación jurídica llevada a cabo por el emperador Justiniano en el siglo VI d.C.

  1. El Corpus Iuris Civilis ).
  2. El derecho romano ya distinguía entre derecho público y derecho privado,
  3. Así regulaba los asuntos referidos al Estado y también los propios de la vida privada.
  4. Consideraba como fuentes no sólo la costumbre ( consuetudine, en latín), sino también las decisiones del Senado Romano, los pronunciamientos de los magistrados romanos, los plebiscitos y también las opiniones de los jurisconsultos (las iura ).

Posteriormente, devenida la República en Imperio (en el 27 a.C.), se tomó también en cuenta las “constituciones imperiales”, emanadas del propio emperador. Su importancia fue tal en Occidente y el mundo, que gran parte del sistema actual de muchas naciones proviene del derecho romano,

  • La palabra misma “derecho” proviene del vocablo latino directus, traducible como “recto” o “directo”, en el sentido de “lo que no se desvía ni hacia un lado, ni hacia el otro”.
  • La mayoría de los códigos legales europeos provienen del derecho romano, y así también los que, siglos después, a través del Imperialismo y el Colonialismo las potencias europeas esparcieron por el mundo entero.

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¿Cómo explicar a los niños que es un derecho?

Derechos de los niños: Derechos Humanos – Los derechos del niño son derechos humanos, es decir que buscan proteger a los niños como los seres humanos que son. Por tratarse de derechos humanos, los derechos de los infantiles están constituidos por garantías fundamentales y derechos humanos esenciales.

Los Derechos del Niño consagran las garantías fundamentales para todos los seres humanos: el d erecho a la vida, el principio de no discriminación y el derecho a la dignidad a través de la protección de la integridad física y mental (protección contra la esclavitud, tortura y malos tratos, etc.).

Los Derechos del Niño son derechos políticos y civiles, tales como el derecho a una identidad, que incluye el derecho a una nacionalidad.

Los Derechos del Niño son derechos económicos, sociales y culturales, tales como el derecho a la educación, el derecho a una calidad de vida digna, Derecho a la Salud, etc.

Los Derechos del Niño incluyen también derechos individuales : el derecho a vivir con los padres, el derecho a la educación, el derecho a la protección, etc.

Los Derechos del Niño incluyen también derechos colectivos : derechos para niños refugiados y discapacitados, niños que pertenecen a grupos minoritarios,

¿Qué es un derecho y porque es importante tener derechos?

Preguntas y respuestas sobre derechos humanos – Manual de Educación en los Derechos Humanos con jóvenes Pregunta: ¿Qué son los derechos humanos? Son derechos morales que cada persona en el mundo posee sencillamente en virtud del hecho de ser un ser humano.

  1. Al reclamar nuestro derechos humanos, estamos haciendo un reclamo moral, por lo general ante nuestro propio gobierno, tú no puedes hacer eso, porque sería una violación de nuestra esfera moral y nuestra dignidad personal.
  2. Nadie, ninguna persona, ningún gobierno, puede quitarnos nuestros derechos humanos.

Pregunta: ¿De dónde vienen? Vienen del hecho de que no sólo somos seres físicos, sino también seres humanos morales y espirituales. Los derechos humanos son necesarios para proteger y preservar la humanidad de cada uno, a fin de garantizar que todas las personas puedan vivir una vida digna y una vida digna de un ser humano.

Pregunta: ¿Por qué los “deben” respetar todas las personas? Fundamentalmente, porque cada persona es un ser humano y, por tanto, un ser moral. La mayoría de los individuos, si se demuestra que están violando la dignidad de la persona, se de abstenerse. En general, la gente no quiere herir a otras personas.

Sin embargo, además de las sanciones morales de la propia conciencia y la de los demás, ahora existe legislación en la mayoría de los países del mundo que obliga a los gobiernos a respetar los derechos humanos fundamentales de los ciudadanos, incluso cuando pueden no estar dispuestos a hacerlo.

Pregunta: ¿Quien tiene derechos humanos? Absolutamente todas las personas. Los delincuentes, los jefes de estado, los niños, los hombres, las mujeres, los africanos, los americanos, los europeos, los refugiados, los apátridas, los desempleados, los empleados, los banqueros, los acusados de llevar a cabo actos de terrorismo, los dedicados a obras de caridad, los maestros, los bailarines, los astronautas Pregunta: ¿Incluso los delincuentes y los jefes de Estado?

Absolutamente todos. Los delincuentes y los jefes de Estado también son humanos. El poder de los derechos humanos reside en el hecho de que trata a todos como iguales en términos de posesión de la dignidad humana. Algunas personas pueden haber violado los derechos de los demás o pueden plantear una amenaza para la sociedad y por eso sus derechos se han limitado de alguna manera con el objeto de proteger a los demás, pero sólo dentro de ciertos límites.

  • Estos límites vienen definidos por el mínimo necesario para una vida humana digna.
  • Pregunta: ¿Por qué algunos grupos requieren una especial defensa de sus derechos humanos? ¿No significa esto que tienen más derechos que otros? No, algunos grupos, como los gitanos en Europa o Dalits y las castas en la India, han sufrido discriminación desde hace mucho tiempo en el seno de nuestras sociedades y es por ello que necesitan medidas especiales que les permitan acceder a las normas generales en materia de derechos humanos en igualdad de condiciones con los demás.

Años de discriminación institucional y de estereotipos, y de odio y de obstáculos, significan que sería una farsa limitarse a anunciar en general derechos aplicables a ellos esperando que esto sea suficiente para garantizar la igualdad. Pregunta: ¿Por qué hablar de derechos humanos y no de responsabilidades humanas? A pesar de que algunos pensadores y ONGs han presentado argumentos sólidos ante la necesidad de formalizar responsabilidades humanas y hasta códigos o declaraciones para articular estos, la comunidad de los derechos humanos en general ha sido reticente a este debate.

  1. La razón es que muchos gobiernos hacen una “concesión” de los Derechos humanos según ciertas “obligaciones” impuestas por el Estado o gobernante, dejando de esta manera sin ningún sentido la idea de los derechos humanos como innatos.
  2. Sin embargo, por supuesto, debemos actuar de manera responsable como individuos y como grupos respetando los derechos de los demás, sin abusar de los derechos humanos y promoviendo los derechos de los demás y los nuestros mismos.

De hecho, el artículo 29 de la Declaración Universal reconoce que, “1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad puesto que sólo ahí es posible el libre y pleno desarrollo de su personalidad.2. En el ejercicio de sus derechos y libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, el orden público y del bienestar general en una sociedad democrática”.

  1. Pregunta: ¿Quién se ocupa de los derechos humanos? Todos necesitamos hacerlo.
  2. Existe una legislación tanto a nivel nacional como internacional que impone restricciones sobre lo que los gobiernos pueden hacer con sus ciudadanos, pero si no se les recuerda que sus acciones están violando las normas internacionales, los gobiernos pueden seguir con esta práctica.

Como individuos, debemos no solo respetar los derechos de los demás en nuestra vida cotidiana, sino también vigilar a nuestros gobiernos y a los demás. Los sistemas de protección están allí para que todos nosotros podamos utilizarlos. Pregunta: ¿Cómo puedo defender mis derechos? Intenta recordar que han sido violados, haz valer tus derechos.

Haz que la otra persona sepa que sabes que no tiene derecho a tratarte de esa manera. Identifica los artículos pertinentes de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros documentos internacionales. Si existe una legislación en su propio país, apunta también a ella. Dáselo a conocer a los demás: a la prensa, escribe a tu representante parlamentario y jefe de Estado, informa a las organizaciones no gubernamentales que se dedican al activismo en favor de los derechos humanos.

Pídeles su opinión. Habla con un abogado, si tienes la oportunidad. Asegúrate de que el Gobierno sepa que estas actuando. Que se den cuenta que no vas a renunciar. Muéstrales el apoyo que puedes tener. En el análisis final, y si todo lo demás ha fallado, es posible que desees recurrir a los tribunales.

Pregunta: ¿Cómo puedo ir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos? La Convención Europea para la Protección de los derechos humanos y las Libertades Fundamentales contiene un procedimiento para las denuncias de particulares. Sin embargo, hay fuertes requisitos de admisibilidad antes de que un caso pueda ser considerado.

Por ejemplo, tienes que asegurarte de que tu queja ha sido ya planteada ante los tribunales nacionales de tu país (hasta el más alto tribunal) antes de que puedas llevar el caso ante el Tribunal Europeo. Si deseas volver a intentarlo, y si consideras que cumple los requisitos de admisibilidad, puedes presentar tu caso.

  1. Sin embargo, se recomienda encarecidamente solicitar asesoramiento jurídico o el de las organizaciones no gubernamentales que trabajan en ese campo, con el fin de confirmar que tu reclamación tiene posibilidades reales de éxito.
  2. Se consciente de que puede ser un proceso largo y complicado hasta tener una sentencia definitiva.

Pregunta: ¿A quién puedo reclamar mis derechos? Casi todos los derechos humanos básicos que se enumeran en los documentos internacionales son reclamaciones contra el Gobierno, o contra funcionarios del estado. Los derechos humanos protegen tus intereses contra el Estado, por lo que necesitas reclamar a este o a sus representantes.

Si sientes que tus derechos están siendo violados, por ejemplo, por tu jefe o vecino, no puedes recurrir directamente a la legislación internacional de derechos humanos a menos de que también haya algo que el gobierno del país pudiera haber hecho para evitar que los jefes o los vecinos se comportasen de esta manera.

Pregunta: ¿Alguien tiene el deber de proteger mis derechos? Sí. Un derecho no tiene sentido sin la correspondiente responsabilidad o deber por parte de alguien. Cada individuo tiene un deber moral de no violar su dignidad personal y su gobierno, con la firma de acuerdos internacionales, tiene no solo el deber moral sino también una obligación jurídica.

Pregunta: ¿Son los derechos humanos un problema solo en países no democráticos? No hay ningún país en el mundo que tenga un historial limpio en derechos humanos, incluso en la actualidad. Las violaciones de los derechos humanos pueden ser más frecuentes en unos países que en otros o pueden afectar a una proporción mayor de la población, pero cada violación es un problema que no debería haber sucedido, y que debe ser tenida en cuenta.

Una persona cuyos derechos son violados en una de las democracias establecidas es muy poco probable que se consuele con el hecho de que, en general, su país tiene una “mejor” situación de derechos humanos que otros países del mundo. Pregunta: ¿Se han realizado algunos progresos para reducir las violaciones de los derechos humanos? Un gran avance, aunque a veces parezca una simple gota en el océano.

Considera la abolición de la esclavitud, el voto de la mujer, los países que han abolido la pena de muerte, la liberación de los presos de conciencia como resultado de la presión internacional, la caída del régimen del apartheid en Sudáfrica, los casos que han sido juzgados ante el Tribunal Europeo y las leyes que se han tenido que cambiar como consecuencia de ello.

Considera el hecho de que el cambio gradual en la cultura internacional significa que incluso los regímenes más autoritarios tienen ahora que tomar en consideración los derechos humanos con el fin de ser aceptados en el escenario internacional. Ha habido muchos resultados positivos, sobre todo en los últimos 50 años, pero aún queda mucho por hacer.

¿Qué es un derecho o una obligación?

¿Qué son los derechos? – Los derechos son las disposiciones o garantías que tienen las personas para poder disfrutar de una serie de libertades provistas por el Estado. Los derechos de los ciudadanos están asentados en la constitución de cada país y, por lo tanto, pueden variar.

¿Que no es un derecho?

La Posibilidad de un “No Derecho” La posibilidad de un “No Derecho” Mario Alzamora Vldez(*) 1.- Delimitacin del Concepto no – derecho. No derecho ( non droit, nicht – recht, un – rech ) no debe ser confundido con otras figuras afines, tales como lo no jurdico, el derecho injusto y el derecho imperfecto o sub-derecho.

  1. Se denomina no – derecho al mbito constituido por relaciones intersubjetivas no reguladas actualmente por el derecho pero que antes si lo estuvieron.
  2. No-derecho significa la ausencia de derecho en un campo que estuvo normado por l.
  3. Lo esencial de este fenmeno, escribe el profesor Jean Carbonnier de la Universidad de Pars “es el movimiento del derecho al no derecho, el abandono por el derecho de un terreno que ocupaba o que hubiera sido de su competencia ocupar.

El no derecho n lo que ofrece de ms significativo es la contraccin o el retiro del derecho” ( l ). El sector de lo no jurdico (2) est comprendido por todo aquello que se encuentra fuera de los lmites del derecho y que escapa, por tal razn, a la regulacin de sus preceptos, como las relaciones del hombre con Dios, la conducta interna, ciertas libertades, el amplio sector de la vida humana que abarca los lazos de familia y de amistad y el que se halla sometido a las reglas de trato social, la ciencia, el arte, la economa, la tcnica, sometidas a su propia legalidad, la poltica etc.

Tampoco debe confundirse el no-derecho con el denominado derecho injusto. “El derecho, al ser derecho, expresa justicia y la justicia no puede realizarse sino en el derecho” ha escrito el jusfilsofo Legaz Lacambra(3). Pero algunas veces – muchas infortunadamente dentro de ciertos sistemas – el derecho positivo envuelve injusticias, en grado mnimo o en grado mximo, que no suprimen su aspecto formal de derecho.

El derecho imperfecto o sub derecho, fundado esencialmente en la costumbre, que caracteriza a las civilizaciones pre-escriturales, no ofrece el mismo significado que el no-derecho puesto que este ltimo es presentado como un fenmeno negativo y aqul como manifestacin rudimentaria de lo jurdico.2.- La omnipresencia del derecho.

  • Numerosos juristas consideran que no existen relaciones humanas que no estn reguladas por el derecho.
  • Se trata de un “panjurismo” al que se inclin en sus primeros tiempos la sociologa del derecho “que vea en lo jurdico la forma ms acabada de lo social ( a causa de la sancin organizada ) y le pareca que estando la sociedad por todas partes, el derecho no deba estar ausente en ninguna y lo conceba como un continuo sin fallas” (4).

Radbruch reconoce que tal universalidad es propia de la esencia del orden jurdico. El derecho, dice, no puede dictar una regulacin parcial sin tomar posicin mediante la eleccin de la parte reglada de las relaciones humanas y de la exclusin de efectos jurdicos frente a la parte no reglada.

Por tal razn, agrega, “un mbito vaco de derecho” depende siempre de la propia voluntad del orden jurdico; es un mbito vaco de derecho que no lo es en sentido estricto; no es un mbito de accin jurdicamente no legislado, sino que est legislado, sino que est legislado en sentido negativo, mediante la eliminacin de toda consecuencia jurdica” (5).

Somlo expresa la misma idea al decir que “el silencio del derecho no significa mbito vaco de derecho, sino solamente un mbito tcitamente reglado” (6), No escapa al derecho, segn esta concepcin universalista, ningn tipo de relaciones. De acuerdo con ella las relaciones del hombre con Dios tienen carcter jurdico.

  1. As lo reconocen el Viejo Testamento, los juristas romanos y muchos telogos cristianos de la edad moderna.
  2. Para los estoicos y sus continuadores de la antigedad “el derecho natural tiene un significado casi fsico y casi natural, y comprende aquellas leyes principios que los filsofos llamaron prima-naturalia que, despertando en todos los seres vivos el instinto de su propia conservacin deben presentarse comunes a los hombres, a las fieras y a los seres vivos” (7),

La conducta del hombre para consigo mismo, en algunos de sus aspectos, no escapa tampoco al derecho, como lo demuestra la penalidad del intento de suicidio, la vagancia, la embriaguez, la toxicomana y vicios semejantes. De anloga manera la poltica, la economa y dems formas de la cultura – entendidas como otras tantas formas el que hacer humano vinculante – se hallan sometidas a prescripciones jurdicas.

  • Surge en este orden el problema de las lagunas del derecho.
  • Admitida la distincin entre las lagunas autnticas o lagunas tcnicas, debidas a las norma aplicable, y falsas lagunas o lagunas prcticas – inadecuacin al caso de la norma existente – los sistemas jurdicos pueden considerarse, en trminos generales, como abiertos o como cerrados (8).
  • En los sistemas abiertos, es el propio ordenamiento el que seala al juez el mtodo que debe aplicar a fin de suplir las lagunas, mientras que en los cerrados no existen, y, por tanto no es posible colmar las lagunas autnticas ( nullum crimen sine lege; nulla poena sine lege ).

Ahora bien, las lagunas autnticas situadas dentro de un ordenamiento jurdico, no constituiran “no derecho” ya que es el propio derecho el que seala los mtodos que el juez debe emplear para colmarlas. Las falsas lagunas suponen un derecho que se considera inaplicable a un caso dado, en orden a una valoracin que se considera ms justa.3.- Las pretendidas manifestaciones del no-derecho.

  • En su trabajo “L’hypothse du non-droit” el profesor Carbonnier al proponer un inventario sobre los fenmenos de esta ndole, presenta una divisin en dos grupos: el no-derecho como dato social y el no-derecho elegido por el individuo.
  • En el primero, comprende aquellas formas que provienen de la “autolimitacin del derecho”.

En el segundo, las que derivan de una eleccin difusa u orgnica por el propio sujeto (9). Analicemos si los casos sealados renen las caractersticas de “no-derecho” esto es, si son fenmenos que estuvieron sometidos a una regulacin jurdica y que actualmente no lo estn.

  • El primer problema que surge es el que atae a un mbito especial y otro temporal que signifiquen verdaderos “intervalos de derecho”.
  • El asilo concebido como una “isla de no derecho” no ofrece los caracteres de tal,no slo por que en los pases donde se practica est sometido a los convenios internacionales que lo permiten, sino porque el asilado queda bajo el rgimen jurdico del estado asilante.
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De modo anlogo cabe expresar que no existe el “no-derecho” en el tiempo. Los feriados del calendario judicial tienen su origen en una norma y en ellos rige el derecho salvo determinadas actividades suspendidas por el mandato legal. Los periodos en que estn permitidos ciertos actos prohibidos en la poca normal ( Carnaval ) no significan un “no-derecho” total sino la ineficacia pasajera de normas atinentes a un comportamiento social extra-jurdico.

Se considera que podra existir una auto-limitacin intelectual del derecho, que tampoco llega a revestir los caracteres que se atribuye a la figura del no-derecho, en los regmenes en los que “la regla de derecho presenta lagunas y determinadas situaciones no pueden conceptualmente aprehendidas por el derecho porque no hay posibilidad de aplicar la extensin analgica” (10).

Pero dichas situaciones no en todos los casos estuvieron gobernadas por el derecho que hizo abandono de ellas, sino que se presentan como tales por mandato del derecho que no ha visto o que no ha considerado necesario u oportuno prever nada sobre ellas.

En otros trminos, si lo propio del no-derecho es el abandono de un sector de la conducta humana por el derecho, en el caso comentado no existe abandono de algo que estuvo ocupado por la juridicidad. Denominar no-derecho a lo que se sita fuera de lo jurdico, porque no puede ser probado por falta de una intervencin humana o por renuncia del propio derecho debido a la imposibilidad – de carcter general – de verificar determinados hechos, significa confundir el derecho con su ejercicio.

En los ejemplos citados no se trata de “no-derecho” sino de imposibilidad de imponerlo. Tampoco pueden considerarse como no-derecho, determinadas situaciones individuales producidas al margen del derecho, ya sea dentro de ciertas instituciones como la familia, algunos de cuyos aspectos estn regidos por aqul, o frente a otras que, normadas por preceptos jurdicos, se dirigen a los mismos fines.

  1. De modo semejante las semejantes las relaciones de amistad, las consecuencias
  2. del consejo, hechos como el denominado transporte benvolo, no ofrecen esencial del consejo, hechos como el denominado transporte benvolo, no ofrecen esencial carcter jurdico aunque algunas de sus manifestaciones puedan originar consecuencias de esa clase.
  3. Los ejemplos propuestos constituyen hechos que no estuvieron regidos por el derecho y que tampoco son susceptibles de ser normados por ste sin cambiar de naturaleza porque pertenece al campo de lo jurdicamente lcito.
  4. Queda por examinar otro problema; no el del no-derecho a manera de una “laguna” producida por el “abandono” de cierto mbito por el derecho, dentro de un ordenamiento jurdico subsistente, sino el producido por la desaparicin total del derecho en el tiempo, que dara lugar a una futura etapa de la sociedad humana sin derecho.

4.- Hacia una futura etapa de no-derecho. La hiptesis de la desaparicin del derecho es presentada por quienes la sustentan conjuntamente con la desaparicin del Estado, dada la ntima vinculacin entre derecho y Estado, aunque tal unin circunscribe, en cierto modo, o de modo preferente, el problema al derecho estatal, que no en todos los casos coincide con el derecho escrito.

La teora de la desaparicin del derecho conjuntamente con el Estado, “no es una invencin marxista” (11) como comnmente se cree. La sustentan el socialismo, el individualismo exagerado y tambin el anarquismo que coinciden en “la liberacin del individuo encadenado para el uno, por lazos sociales entre los cuales el Estado es el ms fuerte y el que ms coacciona sus manifestaciones; y para el otro, por lazos econmicos, sociales y jurdicos, entre los cuales el ms influyente es el modo de vida material basado sobre la propiedad privada de los medios de produccin y en consecuencia, sobre el Estado y el derecho” (12).

Es el marxismo, sin embargo, la doctrina que ha sealado con mayor nfasis el camino el camino que deber seguir la sociedad humana hasta alcanzar la lejana etapa en que no existan ni el derecho ni el Estado. Es el marxismo, sin embargo, la doctrina que ha sealado con mayor nfasis elcamino el camino que deber seguir la sociedad humana hasta alcanzar la lejana etapa en que no existan ni el derecho ni el Estado.

  • Marx precisa que el derecho, entendido como la legislacin poltica y civil, no hace otra cosa que expresar “la voluntad de relaciones econmicas” (13).
  • Esta frmula significa que el derecho que traduce la realidad econmica se halla en “armona” que “corresponde” a dicha realidad (14).
  • Pero el fenmeno jurdico no es slo producto de la realidad econmica sino que tiene a su vez efecto sobre aqulla.

“Al hacer madurar las condiciones materiales y la combinacin en escala social del proceso de produccin ( el derecho ), dice Marx en “El Capital”, hace madurar las contradicciones y antagonismos de la forma capitalista de produccin, y con ello suministra, junto con los elementos para formar una nueva sociedad, la fuerza para hacer estallar la antigua” (15).

Cabe considerar al derecho desde otro ngulo. Marx en su obra “De la ideologa alemana” lo cataloga, junto con la religin, la moral, la filosofa y la ciencia poltica, entre las “ideologas”. Pero las superestructuras ideolgicas – como lo expresa Engels en su carta a J. Bloch – “ejercen tambin influencia sobre el curso de las luchas histricas”.

De este segundo significado del derecho se desprende la contradiccin del marxismo, en cuanto considera como una ficcin de los juristas, afirmar que la sociedad se basa en aqul. El derecho considerado en si mismo tiene un carcter coercitivo; representa la voluntad opresiva de la clase dominante sobre las dominadas y su contenido est determinado por las condiciones materiales de existencia.

Tal carcter opresivo del derecho, hace ilusorias las libertades consagradas por las constituciones. Los pretendidos derechos del hombre, escribi Marx en el Manifiesto Comunista, separados de los derechos de los ciudadanos no son sino los derechos de todos,de la sociedad civil,es decir del hombre egosta, del hombre separado del hombre, de la esencia comn.

Se trata de la libertad del hombre considerado como una mnada aislada, replegada sobre si misma; el derecho del hombre no se halla basado sobre el vnculo del hombre por el hombre, sino sobre la separacin del hombre por el hombre ninguno de los pretendidos derechos del hombre va ms lejos del hombre egosta” (16).

En la obra de Engels “El Origen de la Familia, de la propiedad y del Estado” la tesis es que, con la aparicin de la propiedad privada, que deriva de determinados modos de produccin, que entre otras consecuencias ocasiona la divisin del trabajo y el surgimiento de una sociedad pluralista no integrada, nace el Estado.

El Estado que se sustenta en la divisin de la sociedad en clases, que trata de perpetuar, representa “el derecho” “de la clase poseedora de explotar a la que no posee nada” (17) Surgido del antagonismo “es el Estado una fuerza de la clase ms poderosa, de la que impera econmicamente y que, por medio de l, se hace tambin clase preponderante desde el punto de vista poltico, y crea, de ese modo, nuevos medios de postergar y explotar a la clase oprimida” (18).

  • Empero, tal desaparicin – hasta llegar a una etapa de no-derecho – no ser violenta sino paulatina, a travs de dos momentos sucesivos.
  • En el momento inicial – para expresarlo con el lenguaje del “Manifiesto Comunista” el proletariado se elevar a “clase dominante”, centralizando “todos los instrumentos de produccin en manos del Estado” (20).
  • El primer acto del Estado en manos de la clase proletaria ser la transformacin de la propiedad (21) y la eliminacin de otros rezagos de la burguesa cuyo aniquilamiento deber consumar.
  • El derecho, en esta etapa de lucha del proletariado contra la burguesa, no ser an de igualdad, porque se sustentar en el principio: a cada una segn su capacidad, a cada uno segn su trabajo.
  • En este mismo periodo, la prctica de la divisin del trabajo que origina la necesidad de emplear elementos especializados en las diversas actividades, incrementar una burocracia poderosa inclinada a apartar al Estado “de sus races sociales y de la sociedad, para convertirse en una casta y despus en una clase social sui gneris, dominante, opresiva y explotadora, con un inters propio, distinto al de la comunidad. Opuesto a este ltimo inters, orientado a mantener al Estado ( y al derecho )
  • indefinidamente ( capitalismo de Estado )” (22).
  • Con la eliminacin de los enemigos del proletariado, surgir el segundo momento en el cual las clases sociales nacidas de la explotacin no tendrn razn de ser; en el que en el que desaparecer la divisin del trabajo, habr abundancia econmica, que determinar que cada cual reciba segn sus necesidades, y por fin, el derecho y el Estado dejarn de existir.

Entonces, “habr una direccin de la produccin, una organizacin de la educacin, de los servicios de higiene, salud pblica, seguridad individual, urbanismo que ser a travs de un ordenamiento social pero no jurdico como en el pasado cuya formulacin y aplicacin corresponder a la sociedad entera y no a un slo grupo de individuos.

  • Ser, segn la frmula de Saint Simon, repetida por Engels, un gobierno no sobre los hombres sino sobre las cosas” (23).
  • El Estado desaparecer como tal y se podr – segn la utopa marxista – hablar de una plena libertad dentro de un ente para el cual Engels, en su carta a Bebel escrita en 1875, propone el nombre de “comunidad” (Gemeinwesen ) equivalente a “comuna”.

En una primera obra sobre este tema, “El Estado y la revolucin”, Lenin sigui la ortodoxia marxista, que cambi despus en otra titulada “El Estado”, posterior a la toma del poder, para declarar en ella que, slo cuando se extienda la revolucin proletaria a todo el mundo, se extinguirn derecho y Estado.

  1. Desde 1918 el propsito de extinguir el derecho experimenta manifiesto retroceso.
  2. Un decreto dictado en Rusia el 8 de noviembre de ese ao, declara la obligatoriedad de los estatutos y ordenanzas del poder central; el art.3 del Cdigo de Procedimiento Civil impone a los tribunales la observancia de tales normas; y a partir del cdigo civil de 1922 se reconoce la proteccin a los derechos civiles “salvo que sean contrarios a su destino econmico y social”.

Desde el comienzo del periodo staliano se acentu la divergencia entre las nuevas doctrinas y el pensamiento de Marx y Engels. Stalin reconoci expresamente “el rol creador de la legislacin sovitica” para “orientar la vida econmica del pas dentro de un plan nico” y estimular “la colaboracin fraterna de los ciudadanos soviticos dentro del proceso de produccin” (24) ; a la vez que proclam una nueva concepcin, que mientras subsista el crculo capitalista frente a la victoria socialista alcanzada por un slo pas, “la revolucin victoriosa no debe debilitar, sino consolidar por todos los medios, los organismos del Estado, los servicios del Estado, el ejrcito etc.”.

(25). En el XVIII Congreso socialista de 1939, Stalin critic – de acuerdo con los conceptos enunciados – la frmula de Engels sobre la desaparicin del Estado, proscripcin que ratific Krouchev en el XX Congreso, al expresar que “el Estado que organizacin del pueblo y Estado permanecer hasta la victoria total del comunismo” aunque en el XXI Congreso de 1961 se intent identificar pueblo y Estado, dirigido a la autoadministracin social” que se pretende alcanzar en la prctica con algunas cuya vigencia ha empezado.

Es interesante recoger, de los ltimos manuales de derecho sovitico, la tendencia a subrayar que “la actividad legislativa del Estado, lejos de debilitarse se afirma como de las mayores fuerzas de la democracia socialista”, lo que significa una reafirmacin del derecho.

El marxismo disidente yugoeslavo sigue otra variante en la ruta que lleva a la desaparicin del Estado. Segn la Constitucin el Estado ha dejado de ser absoluto, porque han surgido nuevos “derechos” “democrticos” socialistas que limitan su poder y dan primaca a la sociedad sobre aqul. Tal es el derecho a la autogestin que, segn Marx, emancipa a la economa del burocratismo y de la administracin y libera al hombre de “la enajenacin de la naturaleza humana”.

“En otros sectores – escribe Jovan Djordjevich – el mismo proceso se manifiesta de diversas maneras: a) la esfera de la democracia directa se ampla ( reuniones de electores, referndum ); b) las asociaciones libres de ciudadanos llenan actualmente diversas funciones antes atribuidas al Estado ( Asociaciones de artistas, de profesores, de mdicos, de periodistas, de autores, etc.) c) numerosos rganos de la administracin del Estado apelan a la participacin de los ciudadanos y de los representantes de asociaciones; d) la gestin social se ha generalizado en los sectores de la educacin, la ciencia, la cultura y los servicios sociales; e) las empresas econmicas y las cooperativas han sido agrupadasen cmaras de comercio y asociaciones econmicas profesionales, que han heredado numerosas funciones administrativas del Estado; y f) finalmente, la comuna autnoma desempea un papel decisivo en el proceso de desestatizacin” (26).

  • El Estado debe transformarse paulatinamente democratizndose dentro de un proceso de “participacin” del mayor nmero posible de ciudadanos con cuya voluntad debe confundirse hasta desaparecer.
  • Democratizacin y desestatizacin son dos vas que confluyen en la misma finalidad.
  • Para el marxismo, la desaparicin del Estado significa a la larga la de todos los Estados, puesto que mientras haya ms de uno, sern inevitables las rivalidades, los conflictos y las guerras.

El “Programa de la Internacional Comunista” seala como meta, por tal razn, que se rena “toda la humanidad bajo la hegemona del proletariado internacional organizado en forma de Estado”. Los argumentos en que se sustentan la utopa marxista de la desaparicin del Estado y de un no-derecho, lleva a su total recusacin.

  • La actual etapa histrica constituye una patente refutacin de esa teora.
  • Al amparo de la “tesis del plazo” contina el proceso de fortalecimiento del derecho y del Estado y el amparo de un formidable aparato burocrtico, bajo el pretexto del enclaustramiento de los regmenes socialistas por los pases capitalistas.

La transferencia de las funciones que corresponden al Estado a otras entidades, puede significar o un simple cambio de nombre o que desaparecido el “Estado gendarme”, son otros organismos los que deban cumplir las funciones que corresponden a un imprescindible “Estado de servicio”.

  1. Pero nuestro es el “no-derecho”.
  2. El derecho es la regulacin de la conducta social del hombre con miras a la justicia.
  3. De aqu que para que deje de existir se requiere que no sea ya necesaria la regulacin de la conducta sobre la cual incide.
  4. A las acciones humanas – ensea el eminente Del Vecchio – no se contraponen nicamente las omisiones por parte del propio sujeto, sino impedimentos que provienen de otros.

El derecho tiende a “constituir una coordinacin objetiva del obrar y se traduce en una serie de posibilidades e imposibilidades de contenido con respecto a varios sujetos” (27). No existe medio alguno que impida que se produzca tales “interferencias intersubjetivas que necesariamente por ser tales, deben ser normadas.

  1. Si se considera otro de los elementos del derecho, la norma jurdica, resulta impensable su eliminacin.
  2. Las relaciones entre dos o ms sujetos no pueden quedar libradas a soluciones improvistas o arbitrarias, y, por otra parte, cada sujeto debe conocer de antemano a fin de actuar, cmo ser calificada su conducta futura con relacin a otros, lo que es, precisamente, otro de los fines del derecho.

Adems el derecho pertenece al mundo de la cultura. Representa la realizacin del valor justicia y dems valores, en el mbito de la conducta frente a otro. No podra darse una sociedad en la que no se sealara los caminos para alcanzar la justicia, cualquiera que sea la frmula con la que se pretenda expresar.

  1. Finalmente, la libertad estara condenada a desaparecer sin el derecho que constituye su ms firme resguardo y garanta.
  2. Entregarla a otros poderes prescindiendo de l, constituye una flagrante contradiccin.
  3. El Presente artculo apareci por primera vez en el ao de 1973, en la Revista de Derecho y Ciencia Poltica, Volumen 47 N 2, Mayo-agosto.

Creemos que la vigencia de las ideas en l contenidas justifica su publicacin.1 L’hypothse du non-droit. Archives de Philosophie du Droit. N 8. Sirey, Pars 1963, p.57. ( 2 ) Karl Engish. “El mbito de lo no jurdico”. Traduccin de alemn de E. Grazn Valds. Universidad Nacional de Crdoba, 1960.

¿Cuáles son los dos sentidos de la palabra derecho?

El derecho y sus dos sentidos principales. En sus sentido fundamental la palabra derecho designa una facultad reconocida a una persona por la ley y que le permite realizar determinados actos. En otro sentido designa el conjunto de leyes, es decir el conjunto de normas jurídicas aplicables a los seres humanos.

¿Cuáles son los derechos humanos más importantes?

Derechos económicos, sociales y culturales – El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales entró en vigor en 1976 y, a finales de octubre de 2016, ya contaba con 164 Estados parte. Entre los derechos humanos que este Pacto busca promover y proteger se encuentran:

el derecho a trabajar en unas condiciones justas y favorables; el derecho a la protección social, a un nivel de vida adecuado y al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental; el derecho a la educación y a gozar de los beneficios derivados de la libertad cultural y el progreso científico.

¿Donde dice la biblia q Jesús es nuestro abogado?

1 Juan 2. Cristo es nuestro abogado ante el Padre — Conocemos a Dios por medio de la obediencia — No améis al mundo — En los últimos días habrá anticristos.

¿Cuál es el origen etimológico de la palabra derecho?

Descripción – El derecho incorpora unos valores a la sociedad, valores que fundamentalmente son dos: la justicia y la seguridad jurídica. Es el instrumento del que dispone el Estado para realizar la justicia en la sociedad. En este sentido, se habla de derecho objetivo o conjunto de normas que proyectan su voluntad ordenadora y configuradora de la vida social.

El Derecho no inventa relaciones, sino que cualifica con la nota de la necesidad las relaciones sociales, o la parte de éstas, que estima merecen una especial protección. Por ello, se puede decir que el Derecho, como conjunto normativo, ha de representar el mínimo de ética que coactivamente impone el Estado a la convivencia social.

La raíz etimológica de la palabra derecho: ius, proviene del latín directum, y es similar en algunos idiomas romances, como el italiano (diritto), francés (droit) y portugués (direito); conserva el mismo significado etimológico en lenguas como el inglés (law) y el alemán (Recht).

  1. Para la Real Academia de la Lengua Española, el derecho es el conjunto de principios, preceptos y reglas a que están sometidas las relaciones humanas en toda sociedad civil, y a cuya observancia pueden ser compelidos por la fuerza.
  2. La posibilidad de analizar definiciones es una tarea larga; los elementos básicos que encierra cada una de ellas son similares y para efecto del análisis podemos establecer, de manera general, que el derecho es el conjunto de normas jurídicas que tienden a regular la conducta externa del hombre en sociedad.

Es preciso mencionar que el derecho ha evolucionado como disciplina, a tal grado que, a través del tiempo, han surgido otras ramas que atienden nuevas problemáticas, por ello, las instituciones que estamos encargadas de la formación profesional en el derecho, hemos de asumir amplios desafíos imponiendo la necesidad de formar a los futuros abogados no sólo en las instituciones y categorías jurídicas del derecho nacional, sino expandiendo su horizonte profesional e intelectual y poniéndolos en contacto con otros sistemas y ordenamientos jurídicos, mediante el fomento a la concienciación frente a la internacionalización del derecho y la justicia, para que puedan transformar los ámbitos socioeconómicos y tecnológicos y solucionar las grandes carencias y desigualdades de la sociedad mexicana.

¿Qué significa derecho para todos?

Universal e inalienable – El principio de universalidad de los derechos humanos es la piedra angular del derecho internacional de los derechos humanos. Esto supone que todos tenemos el mismo derecho a gozar de los derechos humanos. Este principio, como se recalcó primero en la Declaración Universal de Derechos Humanos, se repite en numerosas convenciones, declaraciones y resoluciones internacionales de derechos humanos.

¿Qué es el derecho en la Biblia?

DERECHO

La facultad de hacer o exigir lo que la ley o la autoridad competente autoriza a una persona fí­sica o moral dentro del orden y de la naturaleza. También es la cualidad de una persona, de un acto, de una sociedad o de un estado de estar o ser conforme a la ley justa (si es injusta, no es ley) El Derecho es la base de la convivencia y, por lo tanto, condición necesaria e imprescindible para que la persona se desarrolle como ser humano libre y también como creyente. En muchos idiomas el término alude a lo recto o correcto en el obrar (orthos en griego, right en inglés, recht en alemán). En castellano “Derecho” tiene más connotación de justo, conforme, aceptado. En términos compuestos, se precisa y matiza el sentido del término según los complementos que se adhieren: Derecho de asilo, Derecho de gracia, Derecho de propiedad, derecho canónico, derechos humanos, derecho romano.

Todo concepto correcto de educación tiene que ver con la idea de derecho, en cuanto implica desarrollo de las facultades de la persona. La facultad de vivir y convivir conforme al orden es esencial para la dignidad humana. Por eso, educar implica relación rigurosa al Derecho, siendo como es la educación uno de los derechos fundamentales que reconocen todos. Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006 Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa I. Conceptos jurí­dicos en teologí­a Nuestra teologí­a se expresa en gran medida con términos que están tomados del lenguaje jurí­dico, incluso al hablar de Dios mismo, pero especialmente al referirse a sus obras y a las relaciones que median entre él y sus criaturas dotadas de razón. Dios viene presentado como dueño de su creación (“Tuyo es el cielo y tuya es la tierra” Sal 88, 12); a él y a su Hijo hecho hombre se le atribuye la realeza con todos los correspondientes derechos de soberano (Enc. Quas primas: “triplex potestas”, Dz 3677). Dios pacta repetidas veces una -> alianza con los hombres; al hecho de pactar tal alianza se da el nombre de testamento. –> justicia y –> justificación son conceptos centrales de la teologí­a: justicia de Dios, que es justo y justifica, o sea, hace justo al pecador; justicia del que es justificado por Dios y por tanto es justo. Por el –> pecado incurre el hombre en culpa o deuda con Dios, deuda que se debe pagar, aunque Dios puede otorgar condonación de la deuda; cooperando con la gracia se granjea el hombre –> méritos cerca de Dios, aunque también puede perder estos méritos. La tradición teológica distingue incluso dos clases de tí­tulo jurí­dico: de condigno y de congruo, dando este segundo casi la sensación de tener lugar aquí­ “punto por punto” un intercambio de prestaciones, algo así­ como una transacción entre Dios y la criatura, sujeta a la justicia conmutativa (¡equivalencia!). La doctrina de la -> satisfacción vicaria hace que la redención aparezca como un hecho que transcurre en el campo jurí­dico, más concretamente en el ámbito del derecho penal. Antes del concilio Vaticano II la Iglesia se entendí­a a sí­ misma en forma marcadamente jurí­dica; no sólo en los escritos canónicos y dogmáticos se trataba de la Iglesia más como complejo jurí­dico (societas perfecta) que como misterio; su proclamación doctrinal aparecí­a también como una emanación de su potestad jurí­dica (iurisdictio), con la consecuencia de que la obligatoriedad y el contenido doctrinal se enjuiciaban conforme a las reglas de la interpretación de las leyes. Dos de sus sacramentos se confiaban a la ciencia jurí­dica para ser tratados con los medios de conocimiento de ésta: el sacramento de la penitencia, como procedimiento jurisdiccional; el –> matrimonio, como contrato concluido entre dos partes dotadas de capacidad de contratar. Algo parecido puede decirse del estado religioso, en el que los votos religiosos aparecen como una transacción jurí­dica: el candidato que pronuncia -> votos y la orden que los recibe intercambian prestación y contraprestación; el candidato entrega a la orden el bien económico de su capacidad de trabajo, a cambio de lo cual la orden le garantiza la subsistencia durante toda su vida. Podrí­an multiplicarse los ejemplos. Ante este estado de cosas llama la atención el que los teólogos muestren tan poco interés por ocuparse en cuestiones jurí­dicas y por cambiar ideas con juristas, cuya ayuda les serí­a, sin embargo, provechosa para formular con más rigor y esclarecer los conceptos jurí­dicos por ellos utilizados y en particular el concepto mismo de d., que se extiende a todo este campo de nociones. En otro tiempo los moralistas, en particular los de la baja -> escolástica española, escribieron extensos tratados sobre cuestiones jurí­dicas, especialmente acerca de la vida económica, mostrándose excelentes conocedores no sólo de la economí­a de su tiempo, sino también de la ciencia jurí­dica del mismo, aunque lo que ofrecí­an era en realidad, más que teologí­a, doctrina del -> derecho natural. Hoy dí­a hemos de gozarnos por el hecho de que la teologí­a moral atienda, en cambio, cada vez más a los problemas de auténtica ética teológica. Pero también en relación con el d. se plantean genuinos problemas teológicos. II. Problemas teológicos En primer lugar deberí­a imponerse al teólogo la cuestión de si existe alguna conexión entre los conceptos teológicos centrales de justicia y justificación y lo que normalmente suele entenderse por justicia. Para la teologí­a protestante esto parece ser, o bien cosa obvia, o bien un imperativo incondicional. Así­ ella se pregunta cómo puede haber d. en las relaciones de los hombres entre sí­; él no se funda en las relaciones del hombre con Dios. Si por d. se entiende inconfundiblemente un concepto ético (y, en cuanto tal, importante para la salvación), entonces el d. ante Dios debe efectivamente ser la pauta del d. entre los hombres; pero ¿en qué sentido? Las tentativas de algunos teólogos protestantes de motivar bí­blicamente, y en forma cristológica y trinitaria, el d. entendido en este sentido elevado, a fin de evitar motivaciones basadas en el d. natural, merecen ciertamente nuestra atención; pero sin duda serí­an entendidas erróneamente si se pretendiera referirlas a todo el campo de lo que puede o debe ser regulado jurí­dicamente. Además hay que preguntarse si estas tentativas no van contra otra tendencia de la teologí­a evangélica, tendencia muy justificada si se entiende bien, hacia una clara y neta “mundanidad” de lo mundano, y así­ corren el peligro de atribuir un carácter “sagrado” a lo mundano. De relaciones de í­ndole jurí­dica entre Dios y sus criaturas, supuesto que sean siquiera concebibles, sólo se puede hablar en sentido analógico, dado que todos nuestros conceptos sólo se pueden transferir a Dios analógicamente. Solamente podemos formular enunciados positivos después de formarnos una idea clara de lo que entendemos exactamente por “derecho”. Aquí­ no podemos partir de un concepto teológico, sino que debemos asegurarnos de lo que se entiende por d. en el lenguaje corriente y de lo que entienden con ese término los profesionales competentes, es decir, los juristas. III. Personalidad y condición social El modo de hablar, incluso de la literatura cientí­fica, permite descubrir dos concepciones diferentes. La primera vincula el d. inmediatamente y sin más a la personalidad del hombre; todo lo que compete al hombre en virtud de su dignidad de -> persona, dicha concepción lo llama “derecho”. Hablando de Dios, se le reconoce como su d. todo lo que le compete en virtud de su divinidad, como la soberaní­a (supremum dominium) sobre su creación, etc. La otra concepción enlaza directamente con la condición social del hombre y, por tanto, mediatamente también con su personalidad, ya que ésta -bien entendidaviene constituida por su individualidad y su carácter social. Esta segunda concepción tiene la ventaja de disponer de un criterio de división, el cual permite trazar lí­mites claros entre el sector del d. y toda la esfera de la —+moralidad, y así­ señalar su peculiaridad y delimitarlo conceptualmente con claridad. La primera concepción, por carecer de tal criterio de división, deja que el concepto de d. venga a convertirse en algo sumamente indeterminado e indefinido. Al hombre, en cuanto persona, le competen y convienen muchas cosas que en modo alguno incluimos en la esfera del derecho: la estima de sí­, que se debe a sí­ mismo, no es una deuda jurí­dica, la exigencia de gratitud no es una exigencia jurí­dica, etc. Habrá que convenir en que sólo relaciones interpersonales son de naturaleza jurí­dica; entre persona y cosa no son posibles relaciones jurí­dicas; también el -> derecho de propiedad, designado con frecuencia como relación jurí­dica entre el propietario y su propiedad, es en realidad algo muy distinto, a saber, una relación entre el propietario y todos los demás, es decir, su facultad jurí­dica de excluir a los demás de actuar sobre la cosa; el dominio de la cosa está fundado en un plano anterior al d. (metafí­sicamente). Pero no todas las relaciones interpersonales son de í­ndole jurí­dica, sino únicamente aquellas que tienen la doble función de proteger al hombre, por una parte, en tanto que ser individual, en su consistencia propia y en su diferenciación de todos los demás, y, por otra, de vincularlo a la -> comunidad y de encuadrarlo en ella, en cuanto él es – no menos esencialmente- un ente social. Así­, el d. es el orden estructural de todo complejo social; orden jurí­dico y orden social son dos denominaciones de una misma cosa. IV. Teólogos y juristas El d. subsiste únicamente entre socios en el d. o miembros de la sociedad jurí­dica; en virtud de su condición social todos los hombres son socios en el d. El Dios uno y santo no tiene “socio” en el d., por lo cual no se halla en el d., sino por encima de todo d. Sólo si Dios, con infinita condescendencia, entra en una especie de sociedad con sus criaturas racionales o eleva a éstas a formar sociedad con él, se puede hablar en sentido análogo de relaciones jurí­dicas entre Dios y los hombres. Crear los medios conceptuales de conocimiento, así­ como los medios lingüí­sticos de expresión, con vistas a profundizar la inteligencia de esta sociedad, serí­a un quehacer de interés común para teólogos y juristas. Esta colaboración presupondrí­a, desde luego, que unos y otros significaran lo mismo al hablar de d. y que ambas partes estuvieran interesadas, siquiera fuera bajo diferente aspecto, en lo que entienden concordemente por derecho. Por lo que hace al primer punto, existe una cierta conformidad con relación a la extensión del concepto, por cuanto en todo caso existe un amplio sector que unos y otros designan como d.; en cambio, tocante al contenido del concepto, hay profunda divergencia incluso entre los juristas mismos. Una parte de los juristas está de acuerdo con los teólogos en que en definitiva el d. tiene fundamentos éticos, por lo cual le compete dignidad ética; por consiguiente, existe un ancho campo para el intercambio de ideas con estos juristas. Otros juristas (hoy seguramente la mayorí­a) ven en el d. y en el orden jurí­dico sólo una técnica, por así­ decirlo, que en cuanto tal se ha de calificar de puramente instrumental. Según los primeros, el derecho -pensado hasta el fin – recibe su vigencia de la santa voluntad de Dios; según los segundos, la vigencia es el elemento constitutivo del d.; lo que importa es única y exclusivamente que esté en vigor, es decir, que esté garantizado por medidas de organización de una comunidad, y que en caso de necesidad se pueda incluso imponer contra los recalcitrantes. Además, algunos de estos juristas hacen – en rigor, inconsecuentemente – que el reconocimiento de una norma como ” derecho” dependa de la circunstancia de que ella haya sido dictada por una comunidad pública (Estado) en un procedimiento formalizado. La concepción ética y la no ética o instrumental (“tecnológica”) del d. pueden significar y significarán por lo regular un contraste ideológico, aunque esto no es absolutamente necesario, ya que el contraste puede ser de í­ndole meramente terminológica (definitoria). De todos modos, precisamente en este caso existe el peligro de que la terminologí­a y las definiciones sugieran determinadas representaciones tocante a la cosa misma. El móvil ético del concepto precientí­fico no se puede eliminar con la definición; y si se intenta esto, se hace virulento y se introduce sutilmente en el subconsciente, donde debe ser reprimido con violencia, es decir, negándolo. La tajante separación conceptual entre d. y ley moral puede – en el sentido de un inmoralismo absoluto (nihilismo ético)- desligar el d. de toda vinculación moral, y no cabe duda de que éste así­ es entendido y tratado por muchos; sin embargo, no pocos juristas destacados que profesan la “pura doctrina jurí­dica” de Kelsen, sostienen con no menos decisión que el derecho presupone normas morales, que el orden jurí­dico debiera atenerse a normas morales, que a todas las reglas jurí­dicas formuladas precede la justicia material, por lo cual la aplicación e interpretación de las reglas jurí­dicas no debe ser un servicio fanático a la letra, sino que, más bien, dentro del marco trazado por la norma “jurí­dica” no ética e instrumental, hay que buscar la solución (éticamente) justa. Pero ellos no siempre logran mantenerse fieles a lo que han fijado en forma definitoria, aunque a sus ojos la terminologí­a consecuente de la teorí­a de Kelsen es lo que constituye su ventaja decisiva. Para ser sinceros, debemos, sin embargo, reconocer que también nosotros tenemos que luchar con la terminologí­a y que por consiguiente no siempre somos consecuentes en nuestro modo de hablar; en ocasiones también a nosotros nos sucede que normas que carecen de fundamento último en la voluntad de Dios o que incluso están en contradicción con ella, las designamos como “d. vigente”; más aún: a veces nos mostramos propensos a hacer concesiones a la “fuerza normativa de lo fáctico”, concesiones que, yendo más allá de la inconsecuencia terminológica, son difí­cilmente conciliables con nuestra convicción fundamental. En cambio, no significa más que una diferencia terminológica el que ciertos juristas rechacen postulados de justicia social que nosotros propugnamos invocando un d. anterior al positivo, porque según ellos sólo merece el nombre de “derecho” una norma aquilatada conforme a la técnica jurí­dica y como tal administrable y justiciable; el que de esta manera nos fuercen a precisar con toda reflexión nuestras ideas y nuestros deseos y a formularlos con limpidez, es cosa molesta, pero saludable. Prescindiendo de lo que las diferentes corrientes jurí­dicas entienden conceptualmente por d., todas ellas están interesadas en la cuestión de la relación entre el d. y la ley moral; sus preguntas ciertamente difieren en parte de las nuestras; pero en la extensión material de los conceptos coincidimos en gran parte; sólo hay una diferencia notable en cuanto que nosotros denegamos la honrosa designación de “derecho” a las normas no enraizadas en la ley moral o contrarias a ésta, así­ como a los sectores regulados por ellas; con esto queremos expresar que tales normas no obligan en conciencia.V. Derecho normativo, objetivo, subjetivo Hasta aquí­ hemos entendido el d. constantemente como norma y el orden jurí­dico como sistema de normas. Ni podí­a ser de otra manera. Ahora bien, el d. es en primer lugar patrón de medida (ius normativum); y sólo en segundo lugar designamos también como d. lo medido con ese patrón, a saber: lo que está en conformidad con éste – una estructura, un estado de cosas, un comportamiento humano, o lo que se puede exigir a tenor del d. normativa (ius obiectivum) -; y lo que compete a los socios en el d., o sea, a los miembros de la comunidad (que como tal siempre está de algún modo organizada jurí­dicamente), así­ como a ésta con relación a sus miembros (ius subiectivum o también ius potestativum). Para quien estime que el d. se funda inmediatamente en el carácter social del hombre (cf. antes iii), es obvia la primací­a del d. normativo como pauta del d. objetivo y subjetivo; para él podrán resumirse todos los preceptos jurí­dicos en el imperativo “ordo socialis servandus est”: no precisamente el orden existente en cada caso, ni tampoco el d. formulado positivamente en constituciones y leyes, sino el orden social que es debido por razón de la justicia y al que por tanto se debe aspirar constantemente, pero que nunca será perfecto y acabado definitivamente. Quien deduzca el d. inmediatamente de la personalidad, proclamará el “suum cuique” como supremo imperativo jurí­dico. A ambos amenaza el peligro de exclusivismo: al primero el peligro de acentuar demasiado la sociedad en detrimento de la consistencia propia del individuo; al segundo, el peligro de considerar la naturaleza social del hombre como un mero matiz accesorio y no como un constitutivo esencial de su personalidad, y el de desfigurar en formas individualista los -> derechos del hombre basados en la dignidad humana, como ha sucedido hasta época muy reciente; más aún: el d. puede parecerle incluso hostil a la sociedad, como algo que separa en lugar de unir. En este caso hay que recurrir al –> amor como a un correctivo del d.; lo que ha separado el d. debe volver a soldarlo el amor, lo que ha congelado el d. debe volver a fundirlo el amor. A ambos extremismos sale al paso el principio de -> solidaridad. Otra grave tergiversación consiste en ver en el d. un “mí­nimum” de imperativos éticos. Según esa concepción, el d. serí­a un sector del orden total de la moralidad, pero como tal sector constituirí­a la medida única y plena de lo moral. Y desde ahí­ se explicarí­a el que el lenguaje de la sagrada Escritura y de la teologí­a pueda emplear los términos “justo” y “hacer justicia” como sinónimos de santo, perfecto, agradable a Dios. VI. Filosofí­a del derecho La filosofí­a del d. trata de explicar el d. por sus últimas razones. Nosotros lo fundamentamos ontológicamente (-> Derecho natural II), es decir, deducimos los contenidos jurí­dicos del orden del ser (no, como se nos atribuye falsamente, de los datos fácticos contingentes). Estamos de acuerdo con el axioma de los adversarios, el deber sólo puede deducirse de lo que tiene que ser. También nosotros derivamos los imperativos jurí­dicos, como todo “deber ser” sin excepción, del principio supremo que preside cuanto debe ser: tiene que cumplirse la santa voluntad de Dios. Ahora bien, esta santa voluntad de Dios no se funda en otro principio vinculante superior a él, ni tampoco en un arbitrario acto divino, sino en la santidad substancial de Dios; como quiera que, por lo demás, se haya de enjuiciar la relación entre ente y bien, entre ser y valor, en Dios esos aspectos son una misma cosa. Oswald v. Nell-Breuning K. Rahner (ed.), Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teolσgica, Herder, Barcelona 1972 Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teológica véase Poder AA. VV., Vocabulario de las epí­stolas paulinas, Verbo Divino, Navarra, 1996 Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas Derecho, como substantivo (mi derecho, su derecho) designa el objeto de la justicia. Cuando una persona declara que tiene derecho a una cosa, quiere decir que tiene una especie de dominio sobre tal cosa, que los demás están obligados a reconocer. Por lo tanto, derecho puede definirse como una autoridad moral o legal a poseer, reclamar y usar un cosa que es de uno. Es así esencialmente distinto de obligación; en virtud de una obligación debemos, en virtud de un derecho, podemos hacer u omitir algo. Además, el derecho es una autoridad moral o legal, y como tal es distinto de la superioridad meramente física o preeminencia; el ladrón que roba algo sin ser detectado disfruta del control físico del objeto, pero no del derecho a él; por el contrario, su acto es una injusticia, una violación de derecho, y está obligado a devolver a su dueño el objeto robado. El derecho es llamado una autoridad moral o legal porque emana de una ley que le asigna a uno el dominio sobre la cosa e impone a otros la obligación de respetar ese dominio. Al derecho de una persona le corresponde una obligación de parte de los demás, de modo que el derecho y la obligación se condicionan entre sí. Si yo tengo el derecho a demandar cien dólares de una persona, él está bajo la obligación de dármelos; sin esta obligación, el derecho sería ilusorio. Uno puede incluso decir que el derecho de una persona consiste en el hecho que, en su cuenta, los otros están obligados a realizar u omitir algo. La cláusula “poseer, reclamar y usar algo como propio” define más cercanamente el objeto del derecho. La justicia asigna a cada persona lo suyo (suum cuique). Cuando alguien afirma que una cosa es suya, es su propiedad privada, o le pertenece, él quiere decir que este objeto tiene una relación especial con él, que en primer lugar está destinado para su uso, y que puede disponer de él según su voluntad, a pesar de los demás. Por una cosa aquí se denota no meramente un objeto material, sino todo lo que puede ser útil al hombre, incluyendo acciones, omisiones, etc. La conexión de cierta cosa con cierta persona, en virtud de la cual la persona puede declarar que la cosa es suya, puede originarse sólo a base de hechos concretos. Es una demanda evidente de la razón humana en general que uno puede dar o dejarle lo de uno a cualquiera; pero los hechos determinan lo que constituye lo propio. Muchas cosas están conectadas físicamente con la persona humana por concepción o nacimiento—sus miembros, cualidades mentales y físicas, salud, etc. Por el orden impuesto por el Creador de la naturaleza, reconocemos que, desde el primer momento de su ser, sus facultades y miembros se conceden a una persona para su propio uso, de modo que lo capaciten para sostenerse a sí mismo y desarrollar y cumplir las tareas designadas por el Creador para esta vida. Estas cosas (es decir, sus cualidades, etc.) son suyas desde el primer momento de su existencia, y quienquiera que las menoscabe o lo prive de ellas viola su derecho. Sin embargo, muchas otras cosas están conectadas con la persona humana, no físicamente sino sólo moralmente. En otras palabras, en virtud de cierto hecho, cualquiera reconoce que ciertas cosas están especialmente destinadas para el uso de una persona, y todos lo deben reconocer como tal. La persona que construye una casa para sí misma, hace una herramienta, caza animales en el bosque no reservado, o pesca en mar abierto, se convierte en propietario de tales cosas en virtud de ocupación de su trabajo; puede reclamar estas cosas como propias, y nadie puede apropiarse violentamente o dañar estas cosas sin una violación de sus derechos. Quienquiera que recibe un regalo o compra un artículo legalmente, puede considerar tal cosa como suya, puesto que por la compra o el regalo él ocupa el lugar de la otra persona y posee sus derechos. Como un derecho da lugar a cierta conexión entre persona y persona con respecto a una cosa, podemos distinguir cuatro elementos en derecho: el poseedor, el objeto, el título y el término del derecho. El poseedor del derecho es la persona que posee el derecho, el término es la persona que tiene la obligación de corresponder al derecho, el objeto es la cosa a la cual se refiere el derecho, y el título es el hecho sobre el cual la persona puede considerar y reclamar el objeto como suyo. Estrictamente hablando, este hecho por sí solo no es el título del derecho, el cual se origina, ciertamente, en el hecho, pero tomado en conexión con el principio de que uno debe asignar a cada uno su propiedad; sin embargo, puesto que este principio puede ser presupuesto como evidente, es costumbre considerar el simple hecho como el título del derecho. El derecho del cual hemos estado hablando hasta aquí es el derecho individual, al cual corresponde la obligación de justicia conmutativa. La justicia conmutativa regula las relaciones entre sí de los miembros de la sociedad humana, y apunta a asegurar que cada miembro entregue a su prójimo lo que es igualmente suyo. En adición a esta justicia conmutativa, también hay una justicia legal y distributiva; estas virtudes regulan las relaciones entre las sociedades completas (el Estado y [[la Iglesia) y sus miembros. Desde las inclinaciones y necesidades de la naturaleza humana reconocemos al Estado como descansando en una ordenanza divina; sólo en el Estado puede el hombre sostenerse a sí mismo y desarrollarse de acuerdo a su naturaleza. Pero, si el Divino Creador de la naturaleza ha deseado la existencia del Estado, Él debe también desear los medios necesarios para su mantenimiento y el logro de sus objetivos. Esta voluntad sólo puede hallarse en el derecho del Estado a demandar de sus miembros lo que es necesario para el bienestar general. Debe estar autorizado a hacer leyes para castigar los delitos, y en general organizar todo para el bienestar general, mientras, por otro lado, los miembros deben estar bajo la obligación correspondiente a este derecho. La virtud que hace que todos los miembros de una sociedad contribuyan con lo necesario para su mantenimiento se llama justicia legal, porque la ley tiene que determinar en casos individuales qué cargas han de ser llevadas por los miembros. Según la doctrina cristiana la Iglesia es, como el Estado, una sociedad completa e independiente, por lo que también debe estar justificada a demandar de sus miembros lo necesario para su bienestar y el logro de su objetivo. Pero los miembros del Estado no sólo tienen obligaciones hacia el cuerpo general; asimismo tienen derechos. El Estado está obligado a distribuir las cargas públicas (por ejemplo, los impuestos) según los poderes y capacidad de sus miembros, y está también bajo la obligación de distribuir los bienes públicos (oficios y honores) según el grado de dignidad y servicios. A estos deberes del cuerpo general o sus líderes corresponde un derecho de los miembros; ellos pueden demandar que los líderes observen los reclamos de justicia distributiva, y el fracaso en así hacerlo de parte de las autoridades es una violación al derecho de los miembros. El objeto del derecho puede ser determinado más exactamente sobre la base de las antedichas nociones de derecho. Se han distinguido tres clases de derecho y justicia. El objeto del derecho, correspondiente a una justicia imparcial, tiene como su objeto el asegurar libertad e independencia en el uso de sus posesiones a los miembros de la sociedad humana en su relación con los demás. Pues el objeto de derecho puede ser sólo el bien para el logro de lo que reconocemos derecho como necesario, y lo que efectúa de su misma naturaleza, y este bien es la libertad e independencia de cada miembro de la sociedad en el uso de su propiedad. Si el hombre ha de cumplir libremente las tareas que Dios le impuso, debe poseer los medios necesarios para dicho propósito, y estar en libertad de utilizarlos independientemente de otros. Debe tener una esfera de actividad libre, en la cual esté seguro de la interferencia de otros; este objeto se logra por el derecho que protege a cada uno en el libre uso de su propiedad de la intromisión de los demás. De ahí el proverbio: “La persona de buena voluntad no sufre injusticia” y “Nadie es obligado a hacer uso de sus derechos”. Pues el objeto del derecho que corresponde a la justicia conmutativa es la libertad del poseedor del derecho en el uso de lo suyo, y este derecho no se logra si cada uno se ve obligado siempre a hacer uso de él e insistir sobre sus derechos. El objeto del derecho que corresponde a la justicia legal es el bien de la comunidad; de este derecho no se puede decir que “nadie está obligado a hacer uso de su derecho”, puesto que la comunidad—o más correctamente, sus líderes—deben hacer uso de los derechos públicos, dondequiera y siempre que el bien de la comunidad lo requiera. Finalmente el derecho correspondiente al objeto de la justicia distributiva es la defensa de los miembros contra la comunidad o sus líderes, los cuales no deben ser oprimidos con cargas públicas más allá de sus poderes, y deben recibir tantos de los bienes públicos según sea la condición de su mérito y servicios. Aunque, según lo anterior, cada una de las tres clases de derechos tiene su objeto inmediato, todas tienden en común hacia un objetivo remoto, el cual, según Santo Tomás de Aquino (Cont. Gent., III, XXXIV), no es nada más que el asegurar el mantenimiento de la paz entre los hombres y procurar para todos la posesión pacífica de sus bienes. Derecho (o hablando más precisamente), la obligación correspondiente al derecho) es ejecutable por lo menos en general—esto es, quienquiera tenga un derecho con respecto a alguna otra persona está autorizado a emplear la fuerza física para asegurar el cumplimiento de esa obligación, si la otra persona no la realiza voluntariamente. Este carácter ejecutable de la obligación surge necesariamente del objeto de derecho. Como ya se dijo, este objeto es asegurar a cada miembro de la sociedad una esfera de actividad libre, y para la sociedad los medios necesarios para su desarrollo, y el logro de su objetivo es evidentemente indispensable para la vida social; pero no sería suficientemente logrado si se dejase a la discreción de cada uno el cumplir sus obligaciones o no. En una comunidad grande siempre hay muchos que se dejan guiar, no por derecho o justicia, sino por sus propias inclinaciones egoístas, y pasarían por alto los derechos de los demás si no estuviesen confinados por la fuerza a su propia esfera de derecho; en consecuencia, la obligación correspondiente a un derecho debe ser ejecutable a favor del poseedor del derecho. Pero en una comunidad regulada el poder de compulsión debe estar investido de la autoridad civil, puesto que, si cada uno empleara su fuerza contra su prójimo cada vez que éste infringiera sus derechos, pronto surgiría un conflicto general de todos contra todos, y el orden y la seguridad estarían completamente subvertidos. El individuo tiene el derecho de enfrentar violencia con violencia sólo en casos de necesidad, donde debe resguardarse de un ataque injusto sobre su propia vida o propiedad y el recurso a las autoridades es imposible. Mientras que el derecho o su obligación correspondiente es ejecutable, debemos cuidarnos de referir la esencia del derecho a esta ejecución o incluso a la autoridad que la ejecuta, como hacen muchos juristas desde el tiempo de Kant. Pues la ejecución es sólo una característica secundaria del derecho y no atañe a todos los derechos, aunque, por ejemplo, bajo una monarquía real los súbditos poseen algunos derechos respecto al gobernante, ellos usualmente no pueden ejercer compulsión hacia él, puesto que él es responsable, y no está sujeto a una autoridad superior que pueda ejercer medidas eficaces contra él. Los derechos se dividen, según el título sobre el que descansan, en derechos naturales y derechos positivos, y los positivos se subdividen en derechos divinos y derechos humanos. Derechos naturales son todos los que adquirimos por nuestro nacimiento, por ejemplo, el derecho a la vida, a la integridad de los miembros, a la libertad, a adquirir propiedad, etc. Todos los demás derechos se llaman derechos adquiridos, aunque muchos de ellos son adquiridos, independientemente de ninguna ley positiva, en virtud de actos libres, por ejemplo, el derecho del esposo y la esposa en virtud del contrato del matrimonio, el derecho a los bienes sin dueños a través de la ocupación, el derecho a una casa a través de compra o alquiler, etc. Por otro lado, otros derechos se adquieren por la ley positiva; según la ley sea divina o humana, y esta última civil o eclesiástica, distinguimos entre derechos divinos o humanos, civiles o eclesiásticos. A los derechos civiles corresponden la ciudadanía en un estado, la franquicia activa o pasiva, etc. Fuente : Cathrein, Victor. “Right.” The Catholic Encyclopedia. Vol.13. New York: Robert Appleton Company, 1912. http://www.newadvent.org/cathen/13055c.htm Traducido por L H M. Fuente: Enciclopedia Católica : DERECHO

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¿Cuál es el origen del derecho?

Te explicamos cuál fue el origen del Derecho, su relación con la autoridad y las primeras leyes. Además, el derecho romano. Qué Significa La Palabra Derecho El emperador Justiniano compiló el derecho romano en el siglo VI d.C. El derecho es el conjunto de normas y principios con los que una sociedad humana determinada elige regirse, para así distinguir entre lo justo y lo injusto, el orden y el caos, lo parcial y lo imparcial.

Como muchas otras invenciones humanas, tuvo un lugar de inicio en nuestra historia como civilización y como especie. El origen del derecho, así, se remonta necesariamente a los primeros intentos por conducir las sociedades agrícolas de la humanidad antigua hacia un objetivo común, garantizándole la paz social y algún tipo de orden productivo.

De esta manera, el derecho habría surgido de la mano de las primeras formas primitivas de Estado, En el momento en que se hizo indispensable delegar en ciertas autoridades (caciques, reyes, chamanes, sacerdotes) el poder, se hizo también necesario determinar cuáles serían las reglas de sucesión de dicho poder, cuáles serían sus alcances, sus formas, sus métodos.

  1. De esa manera, se fue estableciendo una costumbre, una manera de hacer las cosas, que fue fundamental para el nacimiento del derecho.
  2. Las primeras normas y leyes se ejercieron y preservaron oralmente, y eran sólo fórmulas breves que regían el intercambio, o que solventaban posibles disputas en torno a la propiedad o la violencia,

Pero a medida que la sociedad se hizo más compleja, también se complejizaron las leyes, y surgió así la necesidad de tenerlas por escrito para conservarlas, o siendo ya demasiado complicadas para memorizarlas. Los primeros textos de esta naturaleza, escritos en tablillas de arcilla y procedente de la antigüedad mesopotámica, fueron:

El código de Urukgina (c.2380 a.C.) que regía en la antigua ciudad sumeria de Uruk. El código de Ur-Nammu (c.2050 a.C.), decretado por el rey de la ciudad-estado de Ur. El célebre código de Hammurabi (circa 1790 a.C.), dictado por el antiguo Rey babilonio, en el que se establecían las medidas a tomar como castigo ante violaciones, muertes o actitudes desleales.

También en la antigua China se formularon diversos cuerpos de leyes, desde al menos el siglo V a.C, Sin embargo, la Dinastía Qin (221-206 a.C.) fue la primera en recogerlas y formularlas en un único documento, de naturaleza política, militar, económica, cultural e ideológica.

Así nació el código Qin y sirvió de sostén del derecho Qin, aplicado al Imperio chino unificado, y heredado por las dinastías posteriores, como la Han, que procedió a fusionarlo con los principios del confusianismo. A estos ejemplos podríamos sumar otros tantos provenientes del antiguo Egipto, o de los pueblos judíos antiguos (presentes aún hoy en la Biblia), o los códigos comerciales fenicios.

Pero en Occidente fue el derecho romano el que realmente marcó la diferencia, Propio de la antigua República Romana, poseía la complejidad y la calidad necesarias para operar durante casi mil años consecutivos, desde sus primeros documentos como la Ley de las XII Tablas, hasta la compilación jurídica llevada a cabo por el emperador Justiniano en el siglo VI d.C.

  1. El Corpus Iuris Civilis ).
  2. El derecho romano ya distinguía entre derecho público y derecho privado,
  3. Así regulaba los asuntos referidos al Estado y también los propios de la vida privada.
  4. Consideraba como fuentes no sólo la costumbre ( consuetudine, en latín), sino también las decisiones del Senado Romano, los pronunciamientos de los magistrados romanos, los plebiscitos y también las opiniones de los jurisconsultos (las iura ).

Posteriormente, devenida la República en Imperio (en el 27 a.C.), se tomó también en cuenta las “constituciones imperiales”, emanadas del propio emperador. Su importancia fue tal en Occidente y el mundo, que gran parte del sistema actual de muchas naciones proviene del derecho romano,

La palabra misma “derecho” proviene del vocablo latino directus, traducible como “recto” o “directo”, en el sentido de “lo que no se desvía ni hacia un lado, ni hacia el otro”. La mayoría de los códigos legales europeos provienen del derecho romano, y así también los que, siglos después, a través del Imperialismo y el Colonialismo las potencias europeas esparcieron por el mundo entero.

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